
Incluirá Auditorio Telmex cláusula que prohíba apología del delito
El poder enajena. Aparta de la realidad a quien lo ostenta. Única vacuna, la autocontención y promover un particular sentido de lealtad en el círculo cercano de colaboradores, que implica honestidad y veracidad en la comunicación. La pérdida de piso es tan común; más ahora cuando el liderazgo se recrea entre la soberbia, la intolerancia y el narcisismo. Éste no está en los defectos de la presidenta Sheinbaum, sí los primeros, si se mide su actitud con sus adversarios o críticos.
Las pretensiones mayores de un gobernante no son grave defecto si se ponderan con inteligencia y razón. Las ideas fijas y los dogmas suelen generar adhesión, más en una sociedad de cultura fincada en la verticalidad y obediencia. El problema es que a la larga conduce al desastre porque la realidad se impone por más elevada que sea la misión y visión desde el poder. Una de las esperadas virtudes de la presidenta Sheinbaum, su formación académica, abre la expectativa de que sea más proclive a la reflexión que su antecesor. Aunque inamovible en los temas fundamentales, en otros ha habido flexibilidad, desafortunadamente en asuntos de importancia relativamente menor o para ceder ante la presión al interior de su coalición.
Error grave en la manera de abordar el tema de los desaparecidos en el caso Teuchitlán, Jalisco. No todo ha sido desastre, por ejemplo, la intervención del fiscal Gertz Manero le dio espacio y dirigió el reclamo a las autoridades locales. Fue positivo anunciar iniciativas en materia de búsqueda, después de la pésima respuesta de inicio. Sin embargo, la idea de una campaña articulada de la oposición manipulando el agravio social por los desaparecidos es falsa y ofensiva. La presidenta, sin razón alguna, se puso del lado equivocado al tergiversar el problema y, como López Obrador, desentenderse de las víctimas y fustigar a quienes denuncian el drama nacional por una tragedia de magnitudes mayores.
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