Control de daños
Un logro mayor del gobierno y de la presidenta Sheinbaum —extraordinario— es el abatimiento de El Mencho, jefe del grupo criminal más poderoso, violento y sanguinario; símbolo de la impunidad e incompetencia de las autoridades. Sin embargo, representa una oportunidad, de muy alto costo si se deja pasar. La circunstancia es irrepetible porque, por primera vez —quizá única—, el Estado tiene ventaja frente a sus dos amenazas mayores: el crimen organizado y el gobierno de Donald Trump.
Actuar proactivamente obliga a no abonarse en el éxito; se eliminó al jefe, no a la organización criminal y al negocio asociado. Por lo mismo, se debe actuar en lo subsecuente. Son dos los planos. En primer término, desmantelar la red de vínculos económicos, políticos y criminales del CJNG hasta donde alcance y sea posible. En segundo, proseguir la colaboración con las autoridades norteamericanas mediante el intercambio de información e inteligencia para asestar golpes precisos y certeros en materia financiera, de alianzas políticas y de colaboración, así como contra agrupamientos criminales locales vinculados.
La mayor dificultad está en las fuerzas de seguridad locales, muchas de ellas mal adiestradas, penetradas o coludidas con el crimen. Es la mayor debilidad del Estado mexicano y obliga a una urgente recomposición de la política pública de seguridad. Pero no hay tiempo, se debe actuar a pesar de limitaciones y, eventualmente, traiciones. Sin embargo, la lógica del poder permitiría volverlas funcionales en la medida en que se advierta que la batalla habrá de ser ganada por el Estado, no por los criminales. Buena parte de policías y políticos coludidos juegan con el ganador y, hasta antes del domingo, su apuesta estaba del lado criminal. En la medida en que el impulso institucional muestre determinación, los intereses cambiarán de bando.
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