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GUADALAJARA, Jal., 12 de noviembre de 2025.- La región agrícola más productiva del país tiene entre sus cadáveres la desecación parcial o total de ciénegas y lagos, en el contexto de una infraestructura gigantesca que ha hecho que las sequías históricas se recrudezcan, además de un creciente uso urbano e industrial que apunta a ganar la disputa por el recurso.
Los viajeros que surcan en otoño por la autopista México-Guadalajara, en el tramo que lleva de Maravatío a La Barca, a la puesta de sol, observan el todavía grandioso espectáculo del lago de Cuitzeo, cuyo dilatado lecho de alrededor de 400 kilómetros cuadrados, un tercio de la extensión de Chapala, se asoma caprichosamente entre las montañas que lo encajonan en el norte de la Meseta Purépecha, para conformar el lindero de Michoacán y Guanajuato.

Es un manto de agua plateado que reverbera con la luminosidad agónica del día, sumido en amplias hondonadas por donde lo surcan pequeñas barcazas de pescadores, que apenas disimula los arenales más vastos que rodean al espejo.
Esta temporada se reporta un crecimiento por arriba de 40 por ciento de su capacidad, el más sobresaliente en lo que va de este decenio, pero lejos de la casi plenitud que se logró en 2008, hace 17 años.
El mejor termómetro del uso del agua en la cuenca Lerma es la situación de los lagos de esta región. Los estudios enfocados a subcuencas específicas, lo mismo que los relativos a la demarcación completa, revelan un agravamiento en los males que propician el fenómeno de la desecación, a raíz del incremento de los usos económicos del agua.
Esto, ligado a periodos de escasez natural recurrentes por milenios, ha hecho posible que este cuerpo de agua haya quedado frecuentemente al borde de la extinción.
“El volumen medio anual de agua en el lago Cuitzeo alcanza 255 millones de metros cúbicos (un metro cúbico, abreviado m³, es igual a mil litros); el volumen de agua promedio por escurrimiento que recibe en un año es de 456 millones de m³ y la evaporación es de 766 millones de m³, con lo que el déficit lluvia/evaporación es de 310 millones de m³”, señala el Atlas de la cuenca del lago de Cuitzeo, publicado por el Instituto de Geografía de la UNAM.
La causa se ha señalado en los cambios de uso de suelo que se han registrado en los últimos 60 años. Pero tras haberse estabilizado ese fenómeno y recuperado parte de la frontera forestal original, el factor principal queda clarificado:
En 1975, la cuenca tenía 1,017 bordos o represas, mientras que en el año 2000 éstas ascendían a 2,547.
Estos sitios de almacenamiento de agua se utilizan principalmente para proveer de agua al ganado y, en menor porcentaje, para el riego de campos agrícolas.
Las represas que reciben agua del escurrimiento superficial y de la precipitación impiden dicho flujo hacia el vaso y ocasionan un incremento en las superficies de los espejos de agua, lo que propicia que la evaporación aumente, explican los investigadores Ema Martha López Granados, Manuel E. Mendoza y Alejandra Acosta, en el estudio Cambio de cobertura vegetal y uso de la tierra. El caso de la cuenca endorreica del lago de Cuitzeo, Michoacán.
Al norte, la laguna de Yuriria, que es en realidad una presa que data de 1580, es un espacio patrimonial y sitio de arribo de aves migratorias, reconocida como sitio Ramsar.
Un sitio Ramsar se designa por su importancia internacional en virtud de la Convención de Ramsar, llamada así por la ciudad de Ramsar, capital de la provincia de Mazandarán, Persia.
La laguna de Yuriria también ha pasado momentos recientes de desaparición total, aunque en noviembre de 2025 registra un 82 por ciento de agua en su embalse.
Más hacia El Bajío, un enclave que es orgullo de Guanajuato, las Siete Luminarias padecen una severa decadencia ambiental. Estas lagunas sobre cráteres volcánicos solo albergan agua de forma temporal y en algunos casos están invadidas por asentamientos humanos.

Al sur, la laguna de Pátzcuaro, otra cuenca endorreica (sin salida) integrada administrativamente a la cuenca, parece comenzar a superar años de déficit crónico, pero apenas estaba a 41.61 por ciento de su capacidad, según datos de la Conagua del pasado septiembre.

El otro caso más extremo, junto con Cuitzeo, está en el nacimiento mismo del río, las lagunas de Almoloya, al pie del Nevado de Toluca, área conocida como ciénaga de Chicnahuapan, severamente disminuidas por las obras de extracción de agua hacia la Ciudad de México, que datan de los años 50 del siglo XX, y que llevaron a la desaparición parcial del entorno lacustre.
La extracción llegó a alcanzar 16 mil litros por segundo hasta 1970, pero la Conagua estima que ahora solo se sacan 6 mil litros, por la pérdida de volumen y la disminución de la recarga.

Esto da en el clavo a la escala regional, fijada administrativamente en poco más de 57 mil km² (desde el Nevado de Toluca hasta la laguna seca de Sayula, en Jalisco), que si bien ha estado expuesta desde tiempos prehispánicos a extremos de abundancia y escasez, registra en el último siglo una presión creciente por la amplia infraestructura hidroagrícola construida.
Además de la expansión de ciudades como León, Irapuato, Celaya, Querétaro y Morelia, así como el uso de las dos principales urbes del país, Ciudad de México y Guadalajara, que extraen de la cuenca más de 13,500 litros por segundo, es decir, unos 450 millones de m³ anuales.
La región se ha convertido en uno de los principales polos de desarrollo nacional, con un Producto Interno Bruto de 204 mil millones de dólares (2024), lo que lleva a la necesidad de garantizar agua para mantener la generación de riqueza, en contradicción con su disposición natural, que si bien ha sido abundante en 2025, presenta constantes rachas de sequía a lo largo de la historia, en 500 años de colonización intensiva.
No se tiene el dato preciso de la cantidad de cuerpos de agua —artificiales y naturales— que existen en la cuenca.
El exdirector de la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento de Jalisco, y exalcalde de Guadalajara, Enrique Dau Flores (fallecido en 2020), calculaba la existencia de 50 mil vasos de diversos tamaños, en su mayor parte construidos para retener agua para uso agrícola.
Esto confirma la tendencia observada en la cuenca cerrada de Cuitzeo, de apenas 4 mil km², donde entre 1975 y 2000 aumentó el número de depósitos artificiales en 150 por ciento.
El Atlas de la cuenca Lerma-Chapala, elaborado por el Instituto de Geografía de la UNAM, destaca que actualmente existen 552 presas y bordos, es decir, una presa o bordo por cada 97.1 km².
Más del 50 por ciento del total de presas se concentran en cinco subcuencas: Solís (78 presas), Lerma (62), Duero (54), Tepuxtepec (49) y Alto Lerma (43), señala la investigadora Anne M. Hansen, quien advierte que esta situación altera el número de arroyos capturados y sus flujos hidrológicos.

De 40 acuíferos en el subsuelo de la región Lerma-Chapala, 18 se encuentran sobreexplotados, catorce de ellos en El Bajío guanajuatense, donde se extrae agua de más de 16 mil pozos.
En esta área, el subsuelo recibe por año 2,173 millones de m³ de agua, pero se extraen 2,861 millones de m³, con un déficit anual de 688 millones de m³, según la Conagua.
Aunque en El Bajío se ubican seis grandes corredores industriales, con 900 de las principales empresas de México, el principal consumidor del líquido es la agricultura, con 2,400 millones de m³ de agua subterránea y una cantidad ligeramente mayor de escurrimientos superficiales.

“Todos comemos de los peces del lago, pero ya se ha secado varias veces; en 1986, en 1989 y en 2002”, dice un pescador a la orilla de Cuitzeo.
Pocos recuerdan que en agosto de 1955, cuando el lago de Chapala vivía sus niveles más bajos de agua en el siglo XX, un subteniente del ejército, José Lorenzo Hernández Rubio, propuso desviar agua de Cuitzeo hacia Chapala para uso agrícola y económico, según el texto La disputa por la desecación del lago de Cuitzeo, de Francisco Peña, El Colegio de San Luis.

A final de cuentas, considera el investigador del ITESO de Guadalajara, Rodrigo Flores Elizondo, estas historias de desecación, apertura de zonas agrícolas y posterior prioridad de los usos urbanos, como el caso de la Ciudad de México, Guadalajara y desde un año atrás León, revelan lo que se ha dado por llamar las guerras del agua.
El investigador, reflexiona que en este momento, un uso mayoritario agrícola y ganadero, que apenas aporta 6% de la riqueza nacional, no tiene posibilidades frente a los intereses de las ricas ciudades que proveen más del 90 por ciento del PIB, y reitera que no es sustentable un conglomerado de tantos millones de habitantes -en las ciudades-, lo mejor sería que hubiera varios desarrollos medianos, equilibrando el uso de los ecosistemas locales.
Y se trata de soluciones más tardadas, pero más sostenibles, a las que se ha renunciado a cambio de un proyecto políticamente más espectacular, pero frágil ante las evidencias científicas de una cuenca históricamente escasa en agua.

Periodista con más de 35 años de carrera, especialista en temas de medio ambiente, desarrollo rural y urbano. Ganador en cinco ocasiones del Premio Jalisco de Periodismo (1996, 2006, 2018, 2020 y 2023); del premio de periodismo ambiental de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza y la Fundación Reuters para América Latina (2008); además de numerosos premios otorgados por Greenpeace, la escuela de periodismo Carlos Septién García y Fundación Coca-Cola, por mencionar algunos. Autor de cuatro libros de temas ambientales; colaborador del diario El Economista y de la Red internacional de




