Sin Interferencia/Enrique Rivera
El tequila ha consolidado su posicionamiento como el destilado insignia de la identidad y la economía de México en el mundo. Sin embargo, su acelerada expansión global ha planteado una paradoja clave: el desafío actual ya no es solo vender más volumen, sino crecer de manera sostenible garantizando la materia prima, preservando el territorio y manteniendo el valor económico y cualitativo de la cadena agroindustrial.
Según datos de la Mtra. Ana Cristina Villalpando Fonseca, Directora de la Cámara Nacional de la Industria Tequilera (CNIT), la industria produjo en 2025 alrededor de 583 millones de litros de tequila y exportó 406 millones, lo que significa que casi 7 de cada 10 litros se destinan al mercado internacional. En el primer semestre de 2026, las exportaciones alcanzaron 214 millones de litros (un incremento del 3.3% interanual).
Estados Unidos absorbe el 65% de las exportaciones, aunque la bebida ya tiene presencia en más de 120 países. El principal reto a futuro radica en diversificar mercados, adaptar la oferta a consumidores más selectivos e informados y asegurar una planeación de largo plazo en la cadena Agave-Tequila para evitar ciclos coyunturales de sobreoferta o escasez. Asimismo, la CNIT enfatiza la defensa de la Denominación de Origen frente al alcohol adulterado o informal, aclarando que el tequila certificado cuenta con estrictos esquemas de trazabilidad bajo la norma NOM-006-SCFI-2012.
Desde la perspectiva técnica, el QFB. Jesús Oswaldo Amezcua Ortíz (“Maestro Tequilero”) destaca la diferencia entre los tequilas industriales/mixtos (51% azúcares de agave azul) y los tequilas de alta gama (100% agave tequilana Weber variedad azul). La madurez de la materia prima es determinante:
Agave sazón (6 a 8 años): Apoyado en una cosecha óptima, otorga balances aromáticos complejos (notas cítricas, herbales, dulce de agave cocido), untuosidad y un final suave en boca.
Agave tierno (3 a 5 años) o pasado: Produce perfiles amargos, vegetales, o excesivamente denso-fermentados con sensaciones astringentes. Además, Amezcua señala que la innovación tecnológica (como el control térmico de fermentación, cromatografía de gases o tratamiento de vinazas) debe ser aliada de los procesos artesanales para mantener la pureza aromática y la sustentabilidad, sin despojar al producto de su identidad.
Investigaciones del ITESO (encabezadas por los académicos Ximena Torres y Maximiano Bautista) revelan que la superficie de cultivo de agave en Jalisco creció un 92% entre 2019 y 2025, pasando de 69,737 a 133,954 hectáreas. Esta expansión acelerada provocó la deforestación de vegetación endémica y el desplazamiento de otros cultivos hacia suelos sin vocación agrícola adecuada. Para frenar el impacto, se promueven iniciativas como la certificación Agave Responsable Ambiental (ARA).
El éxito del tequila depende de equilibrar su expansión internacional con una gestión responsable de sus recursos. Los desafíos esenciales se sintetizan en:
Por: Mtro. Alejandro Verduzco Mendoza
Mercadólogo y Analista Político
“X” @averduzcom




