Hablando en Serio/Santiago Heyser
Abrir la llave y recibir agua limpia no debe ser un lujo; es un derecho humano y los gobiernos están obligados a garantizarlo.
Lo que sucede en la Zona Metropolitana de Guadalajara con la calidad del agua que reciben los ciudadanos es un problema que se ha agudizado: agua turbia, con sedimentos y olores fétidos en más de 475 colonias de municipios como Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá. Los reportes ciudadanos aumentaron drásticamente, pasando de 1,013 quejas en el primer trimestre de 2025 a 1,502 reportes en el mismo periodo de 2026.
Las plantas potabilizadoras y tuberías obsoletas del SIAPA (Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado) son incapaces de contener contaminantes; además, la Secretaría de Gestión Integral del Agua (SGIA) y la Comisión Estatal del Agua (CEA) de Jalisco han fallado en la planeación y ejecución de proyectos de saneamiento profundo.
Esta situación ya lleva varios años en la ciudad, desde 2022 aproximadamente, y la realidad en los hogares sigue siendo la misma: un suministro insalubre que obliga a las familias a gastar en filtros y agua embotellada para poder realizar tareas básicas como asearse o cocinar.
Según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG), la satisfacción de los jaliscienses con el agua potable se desplomó drásticamente en los últimos años, cayendo del 62.6 % al 40.7 %.
De los 125 municipios de Jalisco, 98 presentan problemas graves de calidad desde sus fuentes subterráneas.
A nivel nacional, el contraste es con estados de la frontera norte, como Chihuahua o Coahuila, donde el reto principal es la escasez extrema por sequía. En Jalisco, el problema es que el agua disponible está contaminada.
Lo que ya es un problema de salud pública no se solucionará limpiando tuberías de forma superficial o aplazando los tiempos de respuesta institucional. Las acciones que se requieren desde el gobierno deben incluir la modernización total de la red de distribución hídrica y la sustitución de tuberías de asbesto y metal corroído; además, auditoría y sanción estricta a las descargas clandestinas de aguas residuales en los límites de municipios como Tlajomulco y Tlaquepaque.
Contar con indicadores de potabilidad mediante monitoreos independientes avalados por universidades.
Ser la segunda ciudad más importante de México y, actualmente, sede mundialista nos obliga a contar con servicios de primera. La calidad del agua que sale del grifo es una de las formas en que se puede medir la calidad de vida de una ciudad.




