¡La Voz de la Igualdad!
La mentira es fardo que se lleva hasta que la verdad llega. Igual sucede con la impunidad: es pesada carga para la autoridad, hasta que la verdad la expone y deja al descubierto a unos y a otros, a los criminales y a los encubridores, voluntarios o involuntarios. La política puede hacer mucho; las motivaciones de los intereses erigir muros, pero la verdad se impone; quizá tarde y limitada, pero siempre termina por prevalecer. De allí que el poder político casi siempre haga de la libertad de expresión un problema y, para algunos —como ocurre en el régimen obradorista—, un enemigo al que hay que reducir a su mínima expresión; esto es, probar que el régimen tiene la razón histórica, la que se sobrepone a cualquier otra consideración, incluso a la verdad.
La presidenta Sheinbaum heredó mucho de López Obrador. Lo principal tiene que ver con la reproducción del régimen; esto es, llega al poder no por haber ganado la encuesta —discutible triunfo si no hubo propiamente campañas y los dados de siempre estuvieron cargados—, tampoco por haber prevalecido en la elección. La razón por diseño, deseo y cálculo de AMLO, y su mandato es, fundamentalmente, mantener al régimen político en una nueva etapa: la del obradorismo sin él en la presidencia. Partido, gabinete y Cámaras se integraron bajo tal premisa.
No hay presidencialismo, sino un gobierno de grupo, de un proyecto político, de un directorio bajo la autoridad mayor de la presidenta, pero en un marco más que de poder compartido, de poder limitado por la razón de origen: mantener y reproducir al régimen político. Desde luego, no incluye a los socios PT y PVEM.
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