Agave y Tequila/Alejandro Verduzco
En la política nada es o debería tomarse personal. Las auditorías deberían ser el pan de todos los días. No debería haber tanto conflicto entre partidos cuando se hacen estas solicitudes; ni siquiera deberían ser a petición, sino estar establecidas cada cierto tiempo para todos los funcionarios públicos en todo el estado. Por supuesto, no las deberían realizar los propios funcionarios militantes de algún partido, sino auditorías externas; quizás más costosas, pero nos ahorrarían más dinero a los ciudadanos. Porque es bien sabido que lo barato sale caro.
Para darles un ejemplo, uno sabe que cuando compra zapato chino le va a salir más barato; sin embargo, le va a sacar ampollas, hacer que huela mal el pie por el material sintético y, además, durar de uno a dos meses, a diferencia de un zapato 100% leonés, con piel leonesa y elaborado artesanalmente, que quizás costará el doble, pero ofrecerá todos los beneficios que el calzado chino no dio.
Así que con las auditorías debería ocurrir lo mismo. Empresas internacionales, imparciales y expertas en auditar la función pública deberían revisar cada dos años, antes del informe de gobierno de cada funcionario. Además, en ese mismo informe tendrían que presentar los resultados directamente a los ciudadanos, sin pasar previamente esos documentos por los auditados para evitar que se maquillen cifras con porcentajes inentendibles para la población.
Porque las auditorías no solamente sirven para detectar faltantes de dinero o desvío de recursos; también permiten conocer en qué se gasta el presupuesto, quién toma las decisiones, cómo se realizan las licitaciones, cuáles son los resultados y si existe nepotismo. Las buenas auditorías representan un círculo virtuoso y un gran candado para evitar malos manejos, malas decisiones u omisiones por parte del Estado.
Así que una de las cosas positivas de estos dimes y diretes sobre si en tal municipio sí se audita, pero a tal gobernador no, es que es un buen momento para que la ciudadanía exija un esquema como el que aquí se plantea. Los presupuestos que manejan municipios y estados no son cosa menor. Por ejemplo, para 2026:
Por ejemplo, una auditoría integral al Gobierno de Guanajuato realizada por un despacho internacional podría rondar los 25 millones de pesos. Parecería mucho; sin embargo, si eso evitara el desvío de miles de millones y garantizara que los recursos se utilicen como corresponde, más que un gasto sería un gran ahorro y un filtro más que necesario, no solo en Guanajuato, sino en todo México. Lo ideal sería que no se necesitara, pero la realidad, los números y la negativa de algunos actores políticos a realizarlas solo confirman que son necesarias e indispensables.




