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En el arranque de los oficios de la Semana Santa, el papa León XIV ha compartido dos mensajes demoledores sobre el poder y la fe cristiana que, aunque no llevan destinatarios concretos, sí parecen calzar y describir de cuerpo entero a sectores específicos y protagonistas de la trepidante coyuntura geopolítica.
En ambos, el pontífice ha hecho una crítica puntual contra los liderazgos, sus patrocinadores y sus esbirros, por desatar guerras –de intereses mundanos y utilitarios– disfrazadas de trascendencia moral, espiritual o religiosa. Con elegancia, León XIV denuncia a quienes incluso teatralizan la fe cristiana mediante idealizaciones vulgares del éxito, el triunfo, la fuerza o el dominio.
En primer lugar, el Papa Prevost no adorna la realidad: “En el mundo, prevalece el mal”, reconoce; y afirma que en buena medida proviene de confundir “la grandeza de Dios” con el éxito, el poder, la utilidad: “Siempre estamos tentados a buscar un Dios que ‘nos sirva’, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder”. El pontífice, apoyado en el pasaje evangélico donde Jesús lava los pies a sus discípulos, afirma que Dios sí acompaña a la humanidad, pero lo hace desde el gesto gratuito y humilde del servicio.
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