Ciudadanos responsables votando/Nancy Fonseca
La reciente participación de Claudia Sheinbaum en la Convención Nacional Bancaria vuelve a colocar en el centro del debate una tensión estructural de la economía mexicana: la relación entre estabilidad macroeconómica y justicia social.
Durante décadas, México ha sido reconocido por su disciplina fiscal y por la solidez de su sistema financiero. No es menor el hecho de contar con una banca bien capitalizada, con niveles adecuados de liquidez y con una regulación que ha evitado crisis sistémicas recientes. Sin embargo, esa estabilidad ha convivido —de manera incómoda— con profundas desigualdades sociales y una limitada inclusión financiera.
El planteamiento presidencial retoma un punto esencial: el crecimiento económico no puede ser un fin en sí mismo. La estabilidad macroeconómica, si no se traduce en bienestar tangible, corre el riesgo de convertirse en un indicador vacío, útil para los mercados pero insuficiente para la vida cotidiana de millones de personas.
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