Agave y Tequila/Alejandro Verduzco
Esta semana la comunidad internacional y el mundo en general ha estado muy activo en América Latina. La noticia del 3 de enero en dónde Estados Unidos ingreso a Venezuela y capturó al dictador Nicolás Maduro fue algo poco común pues en las normas de derecho internacional se considera una violación a la soberanía de un país, ni siquiera Naciones Unidas está legitimada para hacerlo, sin embargo la situación en Venezuela se volvió un caso excepcional pues se mantenían cautivos de un régimen que lejos de ayudar a mejorar al País se encargo de hundirlo al grado de hacer que millones de venezolanos huyeran de su propio país buscando oportunidades básicas en alguna otra nación que los a acogiera. Por supuesto es cuestionable la forma, pero nadie puede negar que el fondo lo ameritaba, por lo menos no aquellos que no conozcan de cerca la situación de los venezolanos, esto no era solo un tema de un régimen político, sino un tema de derechos humanos, humanidad, recuperación de la esperanza, terminar una era que destruyó no solo al País, sino a cada familia, a cada persona. A la comunidad internacional le preocupa el precedente de intervencionismo que marca este acto, sin embargo si lo vez por otro lado, los que deberían preocuparse son los dictadores que creen que su impunidad va a durar para siempre y que pueden apropiarse de un país sin consecuencias. Claro que hay que estar atentos a como se va a dar la transición y ver cómo Estados Unidos va respetando la voluntad de los ciudadanos venezolanos mas que del derecho internacional. La comunidad internacional y sobre todo la latinoamericana debemos estar atentos y unirnos como observadores para velar por el respeto al pueblo venezolano durante la transición. Lo que si les puedo decir es que no pueden ir a peor de como estaban y que esto marca una luz de esperanza para la reconstrucción de un país que había sido abandonado a su suerte.