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CHILE., 14 de diciembre de 2025.- La virtual victoria de este domingo de José Antonio Kast en Chile no puede leerse como un accidente electoral ni como una excentricidad ideológica. Es, más bien, un síntoma claro de un giro regional que vuelve a mover el péndulo político de América Latina hacia la derecha, impulsado por el miedo, el hartazgo y la sensación extendida de desorden.
Chile, laboratorio histórico de reformas económicas y, más recientemente, de revueltas sociales, vuelve a convertirse en un termómetro continental. El ascenso de Kast refleja el agotamiento de una parte significativa del electorado frente a procesos de cambio profundo que no lograron traducirse en certezas inmediatas.
La promesa de derechos, inclusión y justicia social perdió fuerza frente a una demanda más básica y urgente: seguridad, estabilidad y control.
A nivel regional, la elección chilena confirma una tendencia que se ha consolidado: cuando la izquierda no logra responder con eficacia a la inseguridad, la migración desordenada y la fragilidad económica, la derecha, incluso en sus versiones más duras, encuentra terreno fértil.
No necesariamente porque presente proyectos integrales, sino porque ofrece respuestas simples a problemas complejos: mano dura, fronteras claras y autoridad sin matices.
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