La propuesta impositiva a la cerveza y licores para 2027/ Moisés Bailón Jiménez
El día mundial sin auto que se celebra cada 22 de septiembre, lo tenemos de ornato, desde su implementación en los años 90 no ha tenido el efecto deseado ni aunque sea por un solo día.
Por un lado las ciudades en México no están hechas ni planeadas para ello, el transporte público no es eficiente y las opciones de movilidad no motorizada como las ciclovías son poco utilizadas, y por otro lado, no existe una cultura ni intención de dejar el automóvil.
Las cifras de lo que nos cuesta estar parados en el tráfico son de espanto, de acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la congestión vial nos cuesta 93 mil 867 millones 687 mil pesos, por persona son 3 mil 875 y cada mexicano pierde 100 horas al año en el tráfico.
Si vamos por zonas el Valle de México es la de mayor impacto con 47 mil 44 millones, por persona son 5 mil 827 pesos y sí medimos en tiempo son mil 725 millones 159 mil horas al año y por persona 146.45 horas.
Lo anterior equivale a ver 98 películas, leer 37 libros, tomar 12 cursos online, jugar 98 partidos de fútbol y 146 carreras de 10k. Las ciudades que le siguen son Monterrey 9 mil 839 y seguida de Guadalajara 8 mil 68 millones de pesos que les cuesta la congestión vial a cada ciudad respectivamente.
Evidentemente el costo que pagamos por usar el automóvil es alto, no solo por el hecho de pagarlo y lo que conlleva, sino por la pérdida de tiempo que pasamos atorados en el tráfico y el costo en pesos que representa.
Para que una persona se motive a dejar el automóvil, los sistemas de transporte público de las ciudades así como la red de ciclovías tienen que estar bien conectados y abarcar todas las zonas y municipios por muy alejados que estén. Además debe resolver todas las necesidades de las familias en cuanto a desplazamientos y dinámicas que de entrada son complicadas.
Sí atendemos la pirámide de la movilidad, ésta prioriza al peatón, la bicicleta, el transporte público y por último el automóvil, pero ha sido todo lo contrario.
Para lograr una movilidad sostenible debe haber una práctica cotidiana de la mayoría de los habitantes de una ciudad, sin embargo en el contexto actual luce difícil lograrlo pero podemos empezar por algunos esfuerzos como intentar usar los sistemas de transporte público, tren o metro en distancias largas, caminar la ciudad en tramos más cortos en la medida de lo posible o incentivar el uso colectivo del auto. Si bien no podemos prescindir del auto, sí es posible usarlo un poco menos ¿lo intentamos?.