Estudio alerta por deficiencia de vitamina D en niños mexicanos
En una comunidad del Altiplano potosino, una encuestadora llegó con una tableta, un sombrero y un cuestionario para conocer las violencias que atraviesan la vida de las mujeres. No pudo terminar la entrevista. Un hombre la echó de su casa y le advirtió que iría por una pistola. La mujer a la que pretendía escuchar corrió a esconderse en la cocina.
El desierto tiene una manera particular de engañar a quienes lo atraviesan. Al mediodía, el sol cae a plomo sobre la tierra, se mete debajo de la ropa, se adhiere a la piel y convierte cualquier trayecto en una prueba de resistencia. Unas horas después, cuando la tarde comienza a desvanecerse, el frío llega sin pedir permiso. La temperatura desciende con una brusquedad que parece imposible para quien, apenas unas horas antes, sentía que el cuerpo se le derretía bajo el calor.
Alma —llamémosla así— conoce esa transición. Durante una jornada de septiembre, caminó por una comunidad rural del Altiplano potosino con el chaleco de su trabajo en una dependencia federal, un sombrero de logotipos oficiales que apenas conseguía protegerla del sol y una tableta electrónica en la que debía registrar las respuestas de una encuesta gubernamental. El dispositivo, expuesto durante horas a las altas temperaturas, comenzaba a resentir el calor. Ella también. Pero su trabajo no consistía solamente en soportar las inclemencias del tiempo, encontrar los domicilios indicados o conseguir que alguien abriera la puerta. Tenía que hacer preguntas.
La nota completa en Quadratín SLP




