Rehén de sí misma
Aunque es cierto que en una gira periodística, sobre todo al extranjero, pones en juego tu chamba, más allá de cumplir el objetivo de informar en tiempo y forma, aunque no lo digamos, también se puede disfrutar.
Para muestra, una gira de trabajo relámpago que nos llevó a Puerto Rico y República Dominicana. La iniciamos en La Isla del Encanto, pasaríamos unos días en Santo Domingo y regresaríamos al Estado Libre y Asociado de la Unión Americana, para de ahí viajar de regreso a la ciudad de México.
Como periodista, fue un periplo excepcional, pues fuimos en calidad de funcionarios del gobierno federal, con la encomienda de invitar a las comunidades deportivas universitarias de ambos países para acudir a los Juegos Universitarios Mundiales 1979, que se realizarían en México.
El carácter diplomático de nuestra visita se notó desde la llegada a San Juan, donde nos dieron suites de lujo en el Holiday Inn Condado, el mejor hotel de entonces en la bellísima isla. Dispusieron un vehículo oficial para nuestros traslados y en todo momento contamos con asistentes del consulado mexicano.
Paseos, presentaciones, conferencias y hasta banquetes, sirvieron para que nuestros anfitriones se lucieran con su buen trato hacia nuestra delegación que encabezaban el representante de la UNAM, licenciado Mario Gamboa y la Directora de la Facultad de Química de la Autónoma de Chihuahua, Doctora Irma Ortega de Yáñez, con quienes afiancé lazos permanentes.
Aunque tenía línea telefónica abierta a México, desde el consulado de nuestro país, este se encontraba lejos del hotel. Así, la primera noche, cómodamente instalado en mi suite, pedí una llamada a México; estoy seguro que solicité collect call.
Pero tal parece que no. Tres minutos después de colgar se comunicó la operadora del hotel, para solicitarme de manera muy amable, que pasara a liquidar casi 200 dólares. A punto del supiritaco, le imploré que revisara qué se podía hacer porque no estaba en posibilidades de cubrir un monto así.
La chica se aplicó a fondo y en cuestión de dos horas, ya en la madrugada, me avisó que había podido solucionarlo. Se ganó una larga charla nocturna de conocencia, igual que una buena dotación de mi reserva especial de tequila, que siempre me acompañaba.
Al día siguiente, la entrega formal de la invitación, se realizó sin contratiempos en la sede de nuestro gobierno, con buena presencia de medios locales e internacionales que nos trataron con inusual cordialidad. Después, tarde libre para conocer el Viejo San Juan y otras playas de inusitada belleza; nos presentaron también al Coquí, la ranita mascota por excelencia de Borinquen.
Sin dejar nuestras habitaciones en Condado viajamos a Santo Domingo, donde pasaríamos un par de días. La recepción en el Aeropuerto Internacional de las Américas de la capital dominicana superó todas las expectativas.
Una limusina negra con banderas de México llegó al pie de la escalerilla del avión, para sacarnos del aeropuerto escoltados por dos motociclistas que nos llevaron a la representación diplomática, donde nos ofrecieron un primer banquete, todavía muy de mañana.
Poco más tarde entregamos la invitación correspondiente a las autoridades y directivos del deporte universitario durante un coctel muy a la mexicana, con tequila y hasta mezcal, pero con unas fuentes de mariscos totalmente dominicanas.
Caracol, pulpo, calamar, camarones, almejas, ostiones, sopa de aleta de tiburón y otras delicias marinas, nos ofrecieron a la hora de la comida en Playa "La Tetica", donde volvieron a agasajarnos a la hora de la comida.
Terminamos ese día con una discreta velada en el bar del hotel Barceló, porque al día siguiente nos prometieron un banquete inolvidable. Y lo cumplieron con creces de una forma que a más de uno nos sorprendió.
Nos llevaron al barrio chino de Santo Domingo, lugar donde -dicen los que saben- se servía la mejor comida china del universo y, si no era la mejor, si la más vasta con cerca de 20 platos distintos de los cuales probamos todos en lo que fue un verdadero maratón culinario.
Tuvimos tiempo de conocer una de las tumbas donde se asegura descansan los restos de Cristóbal Colón; la otra está en la catedral de Sevilla y la controversia sigue. Compramos ámbar y artesanía dominicana y nos refugiamos en algún bar de playa, para pasarnos las toneladas de comida china, sin probar ni un solo bocado más.
Al día siguiente rumbo a Puerto Rico, tuvimos que regresar al Aeropuerto de las Américas, debido a la despresurización de la cabina del avión, lo que obligó al piloto a un vuelo rasante a escasos 10 metros de altura sobre el mar. Una experiencia que poca gente ha vivido.
Sin interrumpir mis reportes informativos, ya sin actividades oficiales, tuvimos que gozar dos días más como huéspedes de nuestros anfitriones boricuas, debido a la revisión de contrato colectivo de trabajo de Mexicana de Aviación. Pasamos 30 y 31 de octubre de gorra, nos tocó toda la parafernalia del jalogüin, al más puro estilo de nuestros vecinos del norte y llegamos a México para celebrar nuestros tradicionales días de muertos... Bien comidos, bien bebidos y bien paseados, con la satisfacción del deber cumplido.