Filosofía sin escrúpulos
¿Se puede ser migrante, campesino y astronauta a la vez?
Esa es la historia de José Hernández, ingeniero, migrante, agricultor, y astronauta estadunidense de ascendencia mexicana, que después de 12 intentos (año tras año) para ingresar a la NASA, sentir en carne propia el rechazo, donde en cada notificación le mencionaban que cumplía con los requisitos mínimos, pero que también otros 12 mil aspirantes también, y que de esa cantidad solicitudes solo harían una preselección 100, y de ahí solo una selección final de un pequeño grupo de 10 a 15 astronautas.
El astronauta José Hernández nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California, hijo de padres migrantes agrícolas originarios de La Piedad, Michoacán, fue el primer astronauta México Americano en viajar al espacio en un programa de la NASA, a quien tuve el gusto de conocer en una conferencia en Guadalajara hace más de 10 años, titulada “Alcanzando nuevas alturas”, quien en ese momento me inspiró con su historia de éxito y filosofía de vida, y hay una frase que me quedó marcada para toda mi vida en el momento que no era admitido por la NASA intento tras intento.
A los 10 años, Hernández, tras ver en televisión una misión del programa Apolo, decidió que quería ser astronauta, cuando se lo dijo a su padre, esperaba una reacción negativa, pero ocurrió lo contrario, el validó su sueño y le dio una guía clara en cinco pasos:
Ese respaldo fue determinante, ya que le dio la convicción de que su sueño era posible, y como pieza fundamental en la vida de Hernández fue la “maestra Yong” cuando cursaba la primaria en USA, fue quien habló con sus padres y les sugirió quedarse en un solo lugar (en Estados Unidos) para que José pudiera estudiar de forma continua, ya que le veía potencial académico, mencionándoles la pregunta sobre ¿Cómo crecen los árboles?, que aparece como una enseñanza simbólica en la película, la analogía es que;
“los árboles crecen mejor y fuertes cuando permanecen en un solo lugar, porque desarrollan raíces profundas”
Ese momento es clave porque rompe el ciclo de migración agrícola de la familia.
Por fin, cuando Hernández fue admitido por la agencia espacial en el año 2004 y hasta el 2007 como parte del Grupo 19, su primer misión fue la STS-128, que se lanzó el 28 de agosto de 2009. Durante esta misión, el astronauta José Hernández se convirtió en la primera persona de origen mexicano en viajar al espacio y en utilizar el idioma español en el espacio.
José Hernández nació en una familia de trabajadores agrícolas migrantes, en un contexto donde la estabilidad era casi inexistente, sus padres, originarios de México, cruzaban constantemente la frontera siguiendo los ciclos de cosecha en Estados Unidos durante años, lo que implicaba una infancia itinerante, esta dinámica significaba cambiar de escuela varias veces al año, dificultando la continuidad educativa, sin embargo, lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, esta condición sembró en Hernández una resiliencia poco común, y a diferencia de muchas historias idealizadas, el camino de Hernández no fue fácil, lineal ni inmediato, su formación académica requirió disciplina extrema, decidido a romper el ciclo de precariedad, se enfocó en la educación como herramienta de transformación.
Estudió ingeniería eléctrica en los Estados Unidos, una elección estratégica que lo acercaría a la industria aeroespacial. Posteriormente, desarrolló una carrera sólida en el ámbito tecnológico, acumulando experiencia y credenciales que lo posicionaron como candidato viable para programas espaciales.
No obstante, uno de los elementos más significativos de su historia es la persistencia frente al rechazo de la agencia espacial, Hernández fue rechazado en múltiples ocasiones como ya lo mencionamos antes de ser finalmente seleccionado como astronauta, este aspecto de su vida retrata con especial énfasis y resulta clave para entender la dimensión humana de su logro, no se trata únicamente de talento o inteligencia, sino de una resistencia sostenida frente a la frustración.
“Convertirse en astronauta no fue un proceso inmediato”, y lo refrenda en cada una de sus conferencias y que en lugar de rendirse, hubo un momento clave en su proceso, rumbo y destino que tomaría cuando: decidió analizar qué le faltaba en comparación con otros candidatos seleccionados por la NASA, en lo que en marketing le llamamos “Benchmarking” o análisis de competencia.
“En el análisis detectó que muchos eran pilotos, por lo que aprendió a volar, luego observó que también eran buzos certificados, así que se capacitó en buceo avanzado, incluso aprendió ruso, ya que era un idioma relevante en la cooperación espacial internacional y que acepto durante 5 años irse a misiones a Rusia a muy bajas temperaturas, con la finalidad de seguir aprendiendo, destacando y fortaleciendo sus ventajas competitivas contra los otros candidatos astronautas de la NASA para ser elegido”.
La película “A un millón de millas” que trata la historia de su vida, logra capturar este proceso con una narrativa emocionalmente potente, a través de una construcción cinematográfica accesible en plataformas digitales, se presentan los sacrificios familiares, las tensiones económicas y las decisiones difíciles que acompañaron su camino, uno de los elementos más destacados es la representación del núcleo familiar como motor de apoyo. la figura de sus padres, quienes pese a no contar con educación formal impulsaron el valor del estudio, esposa e hijos, resulta central en la historia.
Asimismo, el filme aborda la identidad cultural como un componente esencial, José Hernández nunca renunció a sus raíces mexicanas; por el contrario, las integró como parte de su fortaleza, este aspecto tiene un peso simbólico importante, especialmente en comunidades migrantes que buscan referentes de éxito sin perder su identidad, la narrativa cinematográfica logra equilibrar este componente sin caer en estereotipos, mostrando una historia auténtica y profundamente humana.
El momento culminante de su carrera llegó cuando finalmente viajó al espacio como parte de una misión, este logro no solo representó la materialización de un sueño personal, sino también un hito para la representación latina en el ámbito científico y aeroespacial, su presencia en la misión fue interpretada como un avance en términos de inclusión y diversidad, en un campo históricamente limitado a ciertos perfiles.
Desde mi perspectiva, la relevancia de José Hernández radica en su capacidad para encarnar múltiples dimensiones: es científico, migrante, hijo de campesinos, ingeniero y astronauta, esta complejidad lo convierte en una figura particularmente valiosa en el análisis de movilidad social contemporánea, su historia desmonta narrativas deterministas y abre espacio para discutir el papel de la educación, la política migratoria y el acceso a oportunidades.
Además, su caso pone sobre la mesa una reflexión más amplia sobre el concepto del “sueño americano”, mientras que para muchos este ideal se percibe como inalcanzable o incluso ilusorio, la vida de Hernández ofrece una versión matizada: el sueño es posible, pero implica sacrificios extraordinarios, disciplina constante y una red de apoyo significativa.
En términos culturales, la adaptación cinematográfica de su vida cumple una función pedagógica, más allá del entretenimiento, la película actúa como un vehículo de inspiración, particularmente para jóvenes de contextos similares, la representación importa, y ver una historia como la suya en pantalla grande contribuye a ampliar el horizonte de posibilidades percibidas y grandes legados como el que ya ha alcanzado la astronauta mexicana “Katia Echazarreta”, nacida en el año de 1995 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, emigrando a Estados Unidos a los 7 años, mencionando en sus conferencias que desde joven mostró interés por la ingeniería y el espacio, se graduó como ingeniera eléctrica en la University of California de Los Angeles y trabajó en proyectos vinculados a la NASA, participando en misiones como el Rover Perseverance (de forma indirecta en equipos técnicos).
En junio de 2022, fue seleccionada a través del programa de la NASA “Citizen Astronaut” de Space for Humanity para volar con éxito al espacio a bordo del cohete de Blue Origin en la misión New Shepard NS-21.
En conclusión, la vida de José Hernández no es solo una historia de éxito individual y filosofía de vida, sino un testimonio probado de lo que puede lograrse cuando la determinación se combina con oportunidades, educación y apoyo familiar. Su trayectoria, ahora inmortalizada en la NASA, en el espacio y ahora en el cine, sirve como recordatorio de que incluso los sueños más lejanos, aquellos que parecen estar a millones de millas de distancia pueden alcanzarse.
Esta referencia de su trayectoria llena de obstáculos, pero también sus logros y metas cumplidas, la realizo por las resientes fechas de la misión de la NASA Artemis II, que se puso como tema central varios días de interés público y científico a nivel global, y que el martes 10 de abril del 2026, los astronautas regresaron de la Luna a la tierra con éxito.
Por: Mtro. Alejandro Verduzco Mendoza
Mercadólogo y Analista Político
@averduzcom