Las protestas en el mundo
La sociedad se reveló y el gobierno recibe un severo revés por su decisión de modificar el calendario escolar. Difícil comprender la decisión y el argumento. Reducir el periodo escolar en 40 días es un cambio que trastoca a millones de familias, además del problema que significa para cubrir programas y contenidos un ajuste de tal proporción.
Lo primero que viene a la mente es que, seguramente, la presidenta Sheinbaum no estaba enterada, una decisión tan absurda no puede ser aprobada por una presidenta preparada, además madre. De hecho, su respuesta al tema en su mañanera del viernes fue en el sentido de que no era definitivo, que se estaba valorando. La mandataria percibió la magnitud de la indignación e hizo pensar que se revertiría una decisión presentada como definitiva, así fue anunciada por las autoridades educativas federales y luego por la mayoría de las locales.
Difícil, asimismo, pensar cómo se procesó la decisión. Se emprendió sin consultar a estados ni a padres; los argumentos no son convincentes y rayan en el ridículo. Invocar a la onda de calor y al evento deportivo carece de todo sentido. El primero, de ser cierto, se resolvería por municipio, no para todo el país, porque para ese entonces en casi todo el territorio habría un periodo de lluvias que mitiga el calor extremo. En lo deportivo, no se puede sobreponer la afición o el interés por la suerte del equipo nacional a la elevada necesidad de cubrir contenidos escolares. Razones absurdas y, de ser así, quienes toman decisiones de tal seriedad no tienen la menor idea de la afectación a los educandos y a las familias, más allá de la airada y generalizada respuesta de muchos sectores de la sociedad.
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