Control de daños
Morena transita por un proceso acelerado de descomposición. Trascendentes e impactantes son las revelaciones del exconsejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, quien refiere al contrabando de combustibles como un esquema de financiamiento promovido, consentido o tolerado por la Presidencia de la República. Imposible que las acciones de Gonzalo López Beltrán y de Jesús Ramírez Cuevas no fueran del conocimiento del presidente.
Hay quienes asumen como hilo conductor la intención de la presidenta Sheinbaum de ejercer el poder presidencial a plenitud, como un acto de emancipación del pasado y de la influencia de su antecesor. Sin embargo, aunque la descomposición es real y el tiempo conspira contra Morena, el análisis no resiste la tesis de una presidenta decidida a romper. En el imaginario conspiratorio, tan naturalizado entre políticos y analistas, todo es complot: no hay espacio para el accidente ni para comprender la complejidad de las circunstancias y la concurrencia de procesos que impactan y condicionan al poder presidencial.
El caso de Tequila, Jalisco, muestra una decisión presidencial forzada por las circunstancias. Los denunciantes afectados tenían el músculo suficiente para movilizar la gestión diplomática norteamericana, en un contexto donde el presidente Trump, sus colaboradores y parte importante de la clase política y mediática estadounidense suscriben la tesis de que en México mandan los narcotraficantes. ¿Qué mejor evidencia que la del alcalde narcoextorsionador? Su aprehensión más que acto de justicia fue una decisión política obligada por el entorno.
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