
El voto no se compra (en EU)
Escuchaba atento a Alito Moreno anunciar que dejaría la dirigencia nacional del PRI y su candidatura al senado, si el candidato presidencial por MC, Jorge Álvarez Máynez declinaba su candidatura y apoyaba a Xóchitl Gálvez.
Tras la conferencia priista y la burla del emecista, pensé: ¿cuántos políticos le sobran a México?
Uf, nos quedaríamos solamente los ciudadanos y estaríamos como en las postales en las que todos son felices, porque no habría quien nos corrompa, no habría quien nos empobrezca, no habría impunidad porque los crímenes no serían rentables.
Imagínense un México sin gobernantes que presuman austeridad desde palacios, sin autoridades que excusen falta de recursos desde camionetas blindadas, sin funcionarios que se den baños de pueblo unos minutos al día, sin legisladores que sean representantes de lugares que ni conocen o que ni saben nombrar.
Si, un México con justicia, sin impunidad ni corrupción, nos llevaría al primer mundo.
Pero no, parece que nos encanta votar por los mismos corruptos que solo cambian de partido para aparentar que son distintos.
Pareciera que nos encanta la impunidad porque somos parte de los que se quedan con los cambios, somos de los que se pasan el semáforo en rojo, damos vuelta prohibida y hacemos cosas incorrectas solo porque se nos hace fácil.
Creemos que el buen gobernante, roba y deja robar, o roba y reparte. Pero también están los que escuchan al gobernante presumir que no roba y que vive con 200 pesos en la bolsa, sin analizar que ese gobernante tiene sirvientes, vive en un palacio lleno de lujos y que no necesita gastar un solo peso de su bolsa.
La mayoría de los mexicanos quisieramos que los políticos supieran lo que es hacer horas de fila para que nos den paracetamol en el IMSS, o hacer una hora y media de trayecto parados en un camión urbano convertido en un horno humano.
Ojalá alguna vez los diputados cuando terminen tarde una sesión, se preocupen porque no alcanzarán el camión y tengan que caminar a casa, con el riesgo de ser asaltados o violados.
Pero no. En nuestro México sobran los políticos que se enriquecen de los pobres. Sobran los gobernantes, funcionarios y legisladores que derrochan en lujos, pero hablan de austeridad y falta de dinero desde una camioneta blindada o desde un palacio.
Ojalá no solo renuncie Alito, ojalá se vayan todos los políticos que solo brincan de puesto en puesto.