¿Desaparición de Morena?
Mi primer contacto con los medios, fue más o menos en 1967 o 68, en Televisión Independiente de México (TIM), en los Estudios San Ángel del sur de la ciudad de México.
Un amigo estudiaba radio y televisión en una academia de la colonia Narvarte y uno de su profesores, de apellido Samaniego, lo citó en la televisora para una clase práctica.
Como donde iba uno iba el otro, se le hizo fácil pedirme que lo acompañara. Un camión Bellas Artes-C.U., nos dejó en Avenida de la Paz donde tomamos el que iba al Panteón Jardín, que nos dejaba cerca de los conocidos estudios.
Llegamos como cualquier hijo de vecino y el solo mencionar el apellido del profesor nos abrió las puertas, hoy impenetrables. La gente y la actividad se movían hacia el estudio principal donde había un programa de concurso, telonero del estelar Domingos Espectaculares con Raúl Velasco.
Desde aquella primera vez recuerdo que me asomé al estudio, tras bambalinas, y quedé muy impresionado con el público que llenaba las gradas, las indicaciones del floor manager y sus asistentes, varias chicas que paseaban de un lado a otro un cartelón con la expresión ¡APLAUSOS!
Tres camarógrafos muy movidos, atentos a las órdenes que al parecer recibían por sus diademas y también constantes cambios de luz. Era otro mundo; un mundo que, sin duda, me capturó desde entonces y del que nunca me imaginé que formaría parte.
De hecho, sin saberlo, ya estaba en él, desde que Paty Martínez, la coordinadora de invitados, me encargó la recepción de los artistas para asignarles camerino. Me tocó de todo: Desde el muy educado y novato José María Napoleón, el simpático Pirulí, hasta la prepotente y altanera Lola Beltrán.
A Paty Martínez la encontraría muchos años después, también como coordinadora de invitados, pero en el programa nocturno de Memo Ochoa, en Televisa.
En TIM me desempeñé también como el IBM de la cabina (IBM a traer esto o lo otro) y le llevaba refrescos o botana a don Teodoro Rentería Arróyave y todo su equipo, quienes no podían distraerse en lo más mínimo, antes del cue, a la hora del programa.
El entonces desconocido coreógrafo Milton Gío, confió en mí para ayudarle a integrar el primer ballet de la televisión mexicana. De más de 400 aspirantes, se quedaron 30, quienes además de poner su mejor esfuerzo en el baile, se destacaban por su figura y rostro.
Como utílity me convertí en ajonjolí de todos los moles. Donde hacía falta algo, o nada, ahí estaba yo. Dejé este paraíso cuando me consiguieron trabajo como jefe de inventarios del Centro Nuclear de México.
Mientras me paseaba por el reactor, talleres generales y el acelerador de la magnífica instalación nuclear, Televisión Independiente de México se fusionó con Telesistema Mexicano, para dar vida a Televisa.
Las puertas de los estudios San Ángel se volvieron infranqueables y el estelar programa de Raúl Velasco y toda su parafernalia, técnica y humana, se movió a los estudios de Chapultepec 18, para iniciar una nueva etapa.
En el inter, terminé la prepa y me integré a la División Radio de Televisa, encabezada por don Roberto Armendáriz Páez, quien me enseñó la magia de la radio y lo que se puede hacer a través de la voz. Un mundo diferente, tan o más interesante que la propia televisión.
Ahí, pasé cuatro años de total aprendizaje, al lado de figurones consagrados de la W y futuras promesas de la tele, toda vez que éramos, algo así como una escuelita para conductores de la caja boba. La mayoría fueron mis maestros en una u otra cosa, pues yo estaba recién desempacado de las aulas.
Ahí tuve inesperadas satisfacciones, con mis primeros Juegos Panamericanos, mi propio programa de boxeo, patrocinado por la Revista The Ring y transmisiones de carreras de ciclismo muy bien pagadas por don Giacinto Benotto, con la mediación del departamento de ventas de Televisa-Televisión.
Cubrí, además, mis primeros Juegos Olímpicos, en Montreal 76; la Primera Copa del Mundo de Atletismo. Estuve en la primera visita papal a México. Igual, entablé intercambio epistolar con un radioescucha internacional, el poblano Santiago Colexcua, quien me escuchaba desde Australia, a través del canal libre internacional de la XEX 730.
Una excelente oferta económicas a finales de los 70, me llevó de Morelos 16-6o piso, en el Primer Cuadro de la ciudad, a Pirineos 770 en las Lomas de Chapultepec, instalaciones de Gupo Acir. Inicié un nuevo ciclo con toda la inercia del trabajo cotidiano y ligué mis segundos Juegos Olímpicos.
Hice la cobertura del temblor de 81 en Huajuapan de León, Oaxaca; compartí con el equipo dos Premio Nacional de Periodismo consecutivos y estuve a punto de llevarme la primicia del destape de Miguel de la Madrid Hurtado, a la presidencia del país.
Respecto a lo anterior, mi jefe nunca me creyó que horas antes del destape, vi personalmente en una bodega de Naucalpan, la propaganda de los sectores campesino, popular, obrero y militar, ya lista para la cargada a favor del Secretario de Programación y Presupuesto.
Radio Mil, nuestra acérrima rival, con el compañero Vicente López Segura, nos ganó la primicia, que nosotros hubiéramos dado a las 7:59 y la competencia difundió a las 8:02.
A pesar de que Rentería no era gente de De la Madrid, éste le encargó la fundación del Instituto Mexicano de la Radio, en la cual participé como jefe de redacción y deportes, al lado de un grupo de jóvenes notables que hoy se mantienen en la administración pública.
Después de la radio pública incursioné en la televisión pública, esta última carente de recursos y programación de interés, donde el único programa que no presentaba números rojos era DeporTV, con José Ramón Fernández y su equipo.
El río de la vida me regresó a Televisa en 1987, al acabar el Mundial de futbol de 1986, antes de que me llevara de nuevo al sector público, como primer Jefe de Comunicación de la naciente Comisión Nacional del Deporte, a cargo de Raúl González.
Otros cuatro años de muy enriquecedora experiencia que pagué con mi salud de la que fui a recuperarme a Mérida, antes de llegar a Televisa del Bajío y después a mi actual trabajo en la televisión oficial TVCuatro de Guanajuato. He vivido.



