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OAXACA, Oax. 1 de marzo de 2026.- Eran las tres de la mañana cuando el último de los 27 mil libros cruzó la puerta del ex convento de Santo Domingo. No había llegado el personal que la universidad prometió. Vinieron en su lugar su mamá, su muchacha, la gente del IAGO, y un hombre que por entonces la pretendía y que esa noche cargó cajas como cualquiera.
Cuando terminaron, María Isabel Grañén Porrúa, la doctora, pidió un tequila. "Creo que es el día más feliz de mi vida", dijo. "Por fin los libros regresan a donde nunca debieron haber salido."
Era 1996. Llevaba tres años en Oaxaca. Había ido por una semana y se quedó, se quedó, porque como ella misma dice, en Oaxaca "todos mis sueños me rebasan".
Con el estadio de béisbol de los Guerreros de Oaxaca, en construcción, una nueva biblioteca infantil en proyecto —la BS Mira, en honor a su hija—, y una novela histórica sobre Atonalcin, el señor mixteco que desafió a Moctezuma, escrita junto al epigrafista holandés Sebastián van Doesburg, Grañén Porrúa no da señales de frenar.
Su mensaje a los jóvenes historiadores es directo: "Cuando alguien te diga que no y te cierren unas puertas, abran otras. Busquen otras. Encuentren. Es súper necesaria la presencia de los historiadores en el mundo."
Y Oaxaca, dice al final, "nunca jamás dejará de sorprendernos". Esta conversación forma parte del ciclo Diálogos desde la Academia Mexicana de la Historia, en colaboración con el Colegio de la Frontera Norte que usted puede escuchar aquí:
Nota completa en: Quadratín Oaxaca