Cadenas de valor social/Nancy Fonseca
Durante años nos dijeron que la educación era una de las grandes llaves para cerrar las brechas de desigualdad. Que estudiar, prepararse y obtener mayores grados académicos abriría las puertas a mejores empleos y, con ello, a mejores ingresos.
Pero hay un dato que obliga a cuestionar esa idea.
En México, tener más estudios no elimina la brecha salarial entre mujeres y hombres. De hecho, entre quienes cuentan con un posgrado, la diferencia en los ingresos alcanza 25 por ciento, de acuerdo con información de la ENOE (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo) del INEGI, correspondiente al tercer trimestre de 2025.
La educación puede aumentar las oportunidades, pero no garantiza la igualdad salarial.
Las mayores brechas se encuentran precisamente en los extremos educativos: 22% entre quienes tienen primaria o menos y 25% entre quienes cuentan con posgrado.
Entre las personas sin hijos, la brecha salarial alcanza 9%; entre madres y padres aumenta a 17%. Cuando se combinan maternidad y trabajo de tiempo parcial, llega hasta 30%.
Mientras mayor responsabilidad implica un puesto, la brecha también puede crecer.
La brecha salarial no es un problema individual de preparación. Es un problema estructural, porque estudiar más no garantiza que la desigualdad desaparezca.
En 2025, apenas 2.4% de la población mexicana de 15 años y más tenía estudios de posgrado, de acuerdo con el Banco de Indicadores del INEGI. Asimismo, en el ciclo 2024-2025 había 478 mil 382 estudiantes de posgrado en México.
La falta de empleos mejor remunerados, ascensos y condiciones laborales más favorables son motivos para que las y los mexicanos decidan no continuar con su educación después de la licenciatura. El costo de los programas de posgrado dificulta su acceso en nuestro país.