¡La Voz de la Igualdad!
Cuando una mujer decide migrar para buscar condiciones de una vida digna, debe pensar en las labores de cuidado que los estereotipos de género le han otorgado como: ¿qué pasará con sus hijos?, ¿quién cuidará del hogar?, ¿cómo se juzgará su partida? A la par la falta de ingresos, de servicios básicos, la incertidumbre política, son las razones que impulsan la salida igual que a cualquier migrante ante una emergencia social persistente.
En Venezuela, la inflación, la informalidad laboral y los ingresos insuficientes definen el día a día, de los más de ocho millones de venezolanos y venezolanas que viven fuera de su país, hay un dato que pone en perspectiva de género el éxodo: más de la mitad son mujeres, lo que exacerban las desigualdades en la ruta migratoria: la violencia sexual, explotación y otros desafíos que las mujeres se encuentran en el camino que dificultan las necesidades básicas, la insalubridad y la falta de privacidad comprometen la salud sexual y reproductiva.
El Mixed Migration Centre advertía en su informe de agosto de 2025 que la ausencia de condiciones adecuadas afecta desde lo más elemental, como poder asearse o alimentarse, hasta aspectos críticos como la menstruación, el embarazo o la lactancia. Incluso las mujeres se ven en la necesidad de antes de iniciar el viaje como migrantes, de inyectarse o tomar algún tipo de anticonceptivo para prevenir un embarazo no deseado en caso de ser víctimas de violación durante la ruta, como me lo compartieron algunas en el albergue FM4 Paso Libre en una visita que hice hace muchos años en Guadalajara. Lo cuál me parece escalofriante como las datos que dan cuenta de este problema, en 2023, Médicos Sin Fronteras reportó que cada tres horas una mujer era víctima de violación en la ruta del Tapón del Darién, zona que abarca la parte oriental del istmo de Panamá entre Colombia y ese país, y es donde se unen América del Sur con América Central. En 2024, la cifra se mantuvo, una de cada cinco mujeres dijo haber sufrido violencia sexual durante la ruta.
Organizaciones como Mujer-Venezuela reportaron el rescate de mil 390 venezolanas de redes de trata a fines de 2022. Autoridades de países como Ecuador, Estados Unidos, México y España confirman que las mujeres venezolanas encabezan las cifras de víctimas rescatadas en el último año, sobre todo jóvenes de entre 20 y 27 años.
En cada tramo del camino las mujeres al igual que los hombres migrantes, enfrentan amenazas y exposición a la violencia, pero las mujeres son una población más vulnerable con una desigualdad que arrastran desde el origen.
Las mujeres venezolanas enfrentan un patrón sistemático de discriminación y exclusión, su imagen y relación con los concursos de belleza las ha encasillado a algunas en un lugar que no todas quieren alcanzar.
Al llegar a su destino la primera barrera es la falta de documentación, lo que limita la autonomía y el proyecto de vida de las mujeres migrantes, obtener un pasaporte en Venezuela no está al alcance de la mayoría, su costo oscila entre 200 y 350 dólares, lo que lleva a la irregularidad y el uso de vías informales. El informe Nuestro derecho a la Seguridad da cuenta que entre las mujeres migrantes, 40% está sobrecalificada para los empleos que desempeña y 74% se concentra en sectores vinculados al cuidado, de las mujeres encuestadas 62% venezolanas, 47% estaban empleadas, pero 92% trabajaba en el sector informal en empleos precarios, con bajos salarios y alto riesgo de explotación laboral.
Esta información es solo una parte del éxodo venezolano y las mujeres, es necesario un cambio de enfoque que atienda el fenómeno de la migración con perspectiva de género, que reconozca que más de la mitad de las personas en movimiento son mujeres. La ayuda humanitaria tiene que llegar donde más se necesita, en territorio y políticas pensadas para las mujeres de parte de gobiernos y organizaciones internacionales para erradicar la violencia sexual y psicológica especialmente entre mujeres y niñas, en una experiencia a la que todo ser humano tiene derecho, la de migrar.