Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Demandar por la vía civil a un malqueriente es un asunto mayor; lo primero que debe considerar el actor o demandante es la cola propia, porque si ese tipo de acción tiene como propósito resarcir el daño a su buen nombre, puede resultar que le den la razón, pero como no hay perjuicio por carecer de una buena reputación, puede ser el caso que el triunfo se vuelva condena. Pero no solo eso, la justicia camina por rumbos inesperados, no solo es la incertidumbre propia de todo litigio, sino que los intereses, y más los políticos, suelen torcer lo lineal y hasta la verdad. No está por demás señalar que demandar a un abogado que conoce como pocos esos menesteres es un caso no solo incierto, sino adverso, más cuando la justicia definitiva lleva años y si el demandado es Julio Scherer Ibarra, en el peor de los casos, todo sería cuestión de esperar.
¿A qué se atiene Ramírez Cuevas? No tiene reputación qué hacer valer ni que cuidar; la que se dispense a sí mismo no tiene valor alguno para una acción civil. La infundada autoestima no suele considerarse en estos asuntos. Es evidente que el funcionario se atiene a dos consideraciones: la parcialidad del órgano jurisdiccional y el apoyo que espera de la presidenta Sheinbaum, como se vio en la ponderación que hiciera a su persona cuando fue cuestionada sobre el libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez.
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