Rehén de sí misma
Inconformarnos no es solo nuestro derecho, sino también nuestro deber
Las marchas, las manifestaciones, las huelgas son el reflejo de la sociedad organizada y su descontento con las decisiones gubernamentales que no entienden la realidad social. Desacreditar estos movimientos lo único que muestra es miedo y falta de humildad para reconocer que lo están haciendo mal, así como falta de apertura de escuchar otras voces , sus preocupaciones y propuestas. A los gobernantes el poder los ciega y llegan a creer que los ciudadanos somos súbditos, la realidad es que el gobierno existe para organizar y administrar los recursos de todos, no para imponernos sus ocurrencias o lo que ellos creen que es lo mejor, mientras no entiendan esa parte seguirán cometiendo errores. La verdadera democracia debe radicar en tener la puerta abierta, escuchar, negociar, sopesar, transparentar y sobre todo hacer cambios, acercarnos lo más posible a la realidad ciudadana y sus preucaupaciones, inquietudes y sugerencias. No es lo mismo estar en una fabrica intentando mantenerla a flote que estar en un escritorio de algún palacio dando ordenes sobre temas que el burócrata no conoce por qué nunca a emprendido, nunca ha vendido, nunca ha tenido que despedir gente o cerrar para siempre las puertas de un negocio.
No intento demeritar que ser burócrata o político de carrera también tiene su mérito, conocen demasiado bien la función pública, se foguean con la información privilegiada y de primera mano que reciben, en el mejor de los casos logran sensibilizarse sobre la realidad social e incluso hacen suyas las causas y eso se agradece y aplaude, sin embargo son pocos los funcionarios que logran llegar a esa madurez humana y política, por lo general ven la oportunidad de estar bien ellos y sus generaciones futuras y no las dejan escapar, sin importarles el daño que hacen a los demás.
Así que es legítimo que como ciudadanía nos organicemos y exijamos cambios, no es solo nuestro derecho sino también nuestro deber.