Difícil vivir junto a un país con consumo de drogas, ironiza Sheinbaum
MORELIA, Mich., 16 de noviembre de 2025.- Este domingo se produjo un movimiento que pocos anticipaban, aunque muchos esperaban desde hace meses: la caída de Juan Carlos “El Gato” Oseguera, secretario de Seguridad Pública de Michoacán, y de su subsecretario José Ortega. La instrucción vino desde la Federación y fue acordada con el Gobierno estatal. Ante el escenario de crisis, Omar García Harfuch no pidió explicaciones y ordenó la destitución inmediata.
En un estado donde la violencia avanza como mancha de aceite, el cambio no es solo administrativo, sino también político y simbólico. Bajo la gestión de Oseguera —un funcionario señalado por privilegiar su propio espacio de poder por encima de la estrategia— la inseguridad no solo empeoró: se desbordó.
Porque bajo la gestión de Oseguera —un funcionario más preocupado por mantener su pequeño reino que por enfrentar al crimen— la inseguridad no solo empeoró: se desbordó. El asesinato del alcalde Carlos Manzo fue un golpe directo al corazón de la gobernabilidad, y machacó una verdad incómoda: los grupos armados ya no solo disputan territorios; taladran a toda la sociedad.
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