Ramírez Marín pide diálogo sobre ascenso y descenso del futbol mexicano
OAXACA, Oax. 27 de febrero de 2026.- El juego de pelota en Mesoamérica no fue solamente un deporte. Fue religión, fue economía, fue guerra y fue poder. Esa es la tesis central que desarrolla el arqueólogo y antropólogo Robert Markens al analizar la transición política entre antiguos centros zapotecos de Valles Centrales, particularmente el sitio de Dainzú y su posterior reubicación en el cerro conocido hoy como Danush.
Su planteamiento no es menor: el cambio en la forma de jugar pelota coincide con una transformación radical en la organización social. De una sociedad de linajes relativamente igualitarios -un cacicazgo- se pasó a un estado político jerarquizado, con reyes, dinastías y clases sociales diferenciadas.
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