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La conformación de una "biblioteca de autor" para Carlos Velázquez (Torreón, 1978) es, sobre todo, un acto de canonización para un cuentista indudablemente excelente. Es una declaración editorial que, lejos de ser un simple movimiento de marketing, funciona como un acto de crítica literaria. El teórico francés Gérard Genette lo llamaría un "paratexto" decisivo: ese diseño uniforme o ese título colectivo ("Biblioteca Carlos Velázquez") funciona como un "umbral" (seuil) que dirige activamente nuestra lectura. Ya no estamos ante un libro aislado; estamos ante una pieza que pertenece a un corpus declarado. Como diría Borges, obsesionado con las clasificaciones, el simple hecho de poner un libro al lado de otro crea un significado nuevo. Esta biblioteca es, en sí misma, un argumento.
Así, siguiendo a Michel Foucault y su ensayo ¿Qué es un autor?, la colección construye la "función-autor". Editorial Océano, al seleccionar estos cuatro títulos —La Biblia Vaquera, La efeba salvaje, La marrana negra de la literatura rosa y El menonita zen—, está realizando una curaduría precisa. Excluye para definir. Nos propone una tesis sobre qué es “Carlos Velázquez”: un creador de universos de ficción urbana basado en un lenguaje abyecto, neológico y extremo, para contar historias de perdedores ejemplares de nuestra sociedad.
Esta “Biblioteca”, aunque sea una estrategia comercial de Grupo Océano, también es un reconocimiento para un autor con dos décadas de producción sostenida y exitosa. Desde los primeros comentarios favorables a La Biblia Vaquera en 2008, hasta los elogios recientes a El menonita zen desde 2023, la presencia del coahuilense en el diálogo literario es tan notoria como su desempeño en ventas. Participa en medios, en encuentros culturales, en ferias libreras, y su nombre se mantiene como referencia nacional.
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