Agave y Tequila/Alejandro Verduzco
La primera vez que escuché y entendí el concepto de “cultura del descarte” fue en un diplomado de líderes católicos en el vaticano, los asesores del mismísimo Papá Francisco eran nuestros maestros y mencionaban mucho este concepto por qué había sido el Papá Francisco quien lo había puesto sobre la mesa a su llegada al Papado, él se preocupaba por los pobres, por los despreciados, así es, por los descartados. Pero la cultura del descarte de la que el hablaba no solo se refería a los pobres, abarcaba mucho más que eso, se refería a todos aquellos seres humanos que estaban siendo dejados de lado por qué la sociedad los dejó de ver “Útiles” hablando meramente de temas económicos o productivos o peor aún cuando a estos individuos el estado los empieza a considerar “gastos innecesarios”. Y si, aquí estoy hablando de los adultos mayores, al Papá Francisco le interesaba muchísimo cuidarlos, lograr el mensaje de lo valiosos que son nuestros adultos mayores, de que para allá vamos todos y de que nos toca cuidarlos, escucharlos, integrarlos, seguir aprendiendo de ellos. Saco este tema por qué la semana pasada en un supermercado de cerro gordo me encontré con que les movieron las bancas para descansar a los adultos mayores que ayudan a guardar el súper en las cajas, cuando reclamé al gerente me dijo que no se las quitaron, que solo las movieron (casi en la salida). Su respuesta no me convenció y le dije amablemente que como clienta no me parecía adecuada esa acción de quitarles su lugar de descanso entre turno y turno. Según él que las iban a volver a poner pero con respaldo, como las pedían las leyes laborales. Sinceramente lo dudo, me parecieron burdas las respuestas. Esto no solo pasa en la se supermercado, seguramente pasa en otras compañías en dónde creen que les hacen un favor y no los cuidan como deberían. Cómo sociedad no podemos permitir que esa cultura del descarte impere en nuestro País, debemos interesarnos por cuidar a nuestros adultos mayores, exigir que se les trate con dignidad, que se les ayude, que haya condiciones para que puedan seguir sintiéndose útiles, aprendiendo, enseñando, desarrollándose, pero sin ponerse en riesgo. Me quedé pensando que cuando yo llegue a esa edad de ser adulta mayor quisiera vivir en una sociedad donde sepa que los demás me cuidan y me protegen y creo es lo que debemos hacerles sentir ahorita a todos ellos. Prometí escribir sobre esto por qué quiero hacer conciencia de este tema, de que exijamos que se les cuide, se les respete, empezando por nosotros mismos pero también levantando la voz cuando veamos que se les vulneran sus derechos y se les pone en riesgo. Que bonito sería que León fuera una ciudad con política pública local que obligará o incentivará estos establecimientos como los supermercados a tener condiciones sobresalientes para los adultos mayores, no las mínimas. Estoy clara en qué a veces no son posturas institucionales sino malos liderazgos aislados e insensibles que no empatizan y que creen que nunca van a estar en el lugar del otro. Pero con más razón somos la ciudadanía quienes debemos ser activos en exigir que se cuide a nuestra gente, sobre a todos a los más vulnerables.