Gabino Palomares y su canto de rebeldía
En la historia reciente de México, la soberbia, el autoritarismo y el uso faccioso del poder minaron la credibilidad del sistema político. Por décadas, diversas expresiones del PRI y del PAN reprodujeron prácticas donde la vanidad, el sectarismo y la descalificación sustituyeron al debate público y al respeto democrático. Justamente por ello, una de las promesas esenciales de la izquierda al llegar al poder fue no repetir esas mismas conductas. La dignidad política —entendida como la defensa del humanismo, la ética y el respeto a la ciudadanía— exige hoy honrar ese compromiso.
En este contexto, las declaraciones emitidas desde la tribuna del Senado por Gerardo Fernández Noroña contra la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, resultan no solo desafortunadas, sino profundamente contradictorias con los principios que la izquierda dice representar. En un país donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una emergencia nacional, y donde su participación en la vida pública enfrenta obstáculos estructurales, cualquier expresión que reproduzca estigmas, prejuicios o agresiones desde posiciones de poder es inadmisible.
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