Genio y Figura/Francisco Buenrostro
La inteligencia artificial tiene una promesa muy atractiva en el ámbito laboral: mayor productividad, menos tiempo y nuevas oportunidades, pero, ¿Quiénes corren el mayor riesgo de quedarse atrás en esta transformación tecnológica?
De acuerdo con una investigación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los empleos dominados por mujeres tienen casi el doble de probabilidades de estar expuestas a la inteligencia artificial generativa que aquellas en las que predominan los hombres. La razón principal es que muchas mujeres se concentran en empleos administrativos y otras actividades cuyas tareas pueden automatizarse con mayor facilidad, por las labores de cuidado que a la par ejercen, esto enciende una alerta sobre el futuro del trabajo y la desigualdad de género.
Durante décadas, las mujeres han enfrentado obstáculos para acceder a mejores salarios, puestos directivos y sectores vinculados con la ciencia y la tecnología. A esto se suman las responsabilidades de cuidado, que siguen recayendo desproporcionadamente sobre ellas y que muchas veces limitan sus posibilidades de capacitación, desarrollo profesional y crecimiento económico.
¿Estamos preparando a las mujeres para el futuro laboral o esperamos que resuelvan solas los desafíos de una revolución que ya comenzó?
La inteligencia artificial aprende de datos, patrones y decisiones humanas. Si las sociedades mantienen estereotipos de género y las organizaciones trasladan esos prejuicios a sus sistemas tecnológicos, corremos el riesgo de reproducir viejas discriminaciones con herramientas nuevas.
La tecnología no llega a un mundo en igualdad de condiciones. Llega a mercados laborales donde las oportunidades, los salarios, los cuidados y el acceso a los puestos de poder siguen distribuyéndose de manera desigual.
Por eso, el debate no debe reducirse a si la inteligencia artificial sustituirá a las personas. Debemos preguntarnos quiénes tendrán acceso a sus beneficios, quiénes asumirán sus costos y quiénes participarán en las decisiones sobre su implementación.
La inteligencia artificial puede abrir oportunidades para mejorar la productividad, facilitar tareas y crear nuevas formas de trabajo. Pero para que esas oportunidades sean reales también para las mujeres, necesitamos formación accesible, políticas laborales incluyentes y una transformación digital que considere las desigualdades existentes.
Las empresas deben vigilar que los procesos de contratación y evaluación automatizados no reproduzcan prejuicios y promover mecanismos que protejan los derechos laborales durante las transiciones tecnológicas.
Los gobiernos, deben impulsar políticas de formación tecnológica con perspectiva de género, para erradicar desigualdades y no profundizarlas.