Podrían dar prisión domiciliaria al exgobernador panista Ruffo
Desde hace mucho tiempo, cuando se introdujo el sistema mixto de representación, la integración de la Cámara de Diputados ha resultado un enigma aritmético difícil de entender. Se dice (podrá confirmarlo Arturo Núñez) que el talentoso abogado y parlamentario jalisciense José Luis Lamadrid Souza tomó como referencia el sistema de integración parlamentaria de Alemania, con ajustes, para dar con una fórmula que conciliara dos objetivos: la inclusión en la Cámara de viejas y nuevas fuerzas políticas, y preservar al mayoritario como partido dominante. Se erige así el sistema mixto en el que prevalece la mayoría simple (distritos) sobre la representación proporcional (plurinominales) que ha persistido con cambios no sustantivos.
Los políticos difícilmente entienden la lógica que subyace en las fórmulas de integración. En mi caso, viví la experiencia durante la dirigencia del PRI de Luis Donaldo Colosio para explicar la manera cómo operaba el sistema mixto; le ofrecí una tabla sobre los rangos de probabilidad para arribar a la Cámara según el lugar en la lista de los candidatos plurinominales, muchos de ellos (incluso en la dirigencia) pensaban que llegarían al cargo, cuando no tenían posibilidad aritmética alguna. El análisis se publicó en la revista Nexos, previo a la elección de 1991.
La dificultad para entender la fórmula de integración persiste. En dos campañas presidenciales se presentó una nota: al PRI en 2017 y al PAN en 2023 para advertirles sobre la importancia de ganar el mayor número de distritos para evitar que el adversario se hiciera de la mayoría absoluta y eventualmente la calificada. Se pudo cambiar el curso de los acontecimientos, en su lugar se privilegió la contienda presidencial y lo acontecido es historia. La regla es muy simple, el partido que gane más distritos es el que se beneficia de la sobrerrepresentación, implícita en la fórmula legal.
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