La propuesta impositiva a la cerveza y licores para 2027/ Moisés Bailón Jiménez
Seguramente que en esta ocasión serán muchos los lectores que estén en desacuerdo conmigo, sobre todo porque María Corina Machado es, sin lugar a dudas, el personaje del momento, toda vez que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025, algo que yo mismo celebré en una de mis columnas anteriores, pero creo que en esta vida nada, ni nadie, es completamente blanco ni completamente negro, sino que nos movemos en una escala de grises todo el tiempo.
Sin embargo, para mí la congruencia es clave en la vida, y una declaración de María Corina Machado bastó para que, al menos a mí, me hiciera revalorar si es realmente merecedora del reconocimiento que hoy se le celebra en todo el mundo. Me refiero a su señalamiento de que era correcto lo que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, estaba haciendo al ordenar bombardear lanchas procedentes de Venezuela en aguas internacionales, supuestamente por transportar drogas, convirtiendo a las fuerzas armadas norteamericanas en jueces y verdugos al mismo tiempo. Incluso, y esto está documentado, lejos de rescatar sobrevivientes y procesarlos penalmente, han llegado a rematar a quienes sobreviven al ataque inicial.
Considero que nadie que ostente el Premio Nobel de la Paz puede aprobar esa barbarie, sin demeritar muchas otras cualidades de María Corina que la convierten en una gran líder y en la figura clave para un eventual derrocamiento de la dictadura de Maduro y, por lógica, en una posible mandataria de esa nación. Pero si avala la violación flagrante a los derechos humanos que implica esta ofensiva despiadada del Tío Sam, entonces no puede llamarse pacifista.
Y cito ejemplos de grandes líderes que lograron cambios sociales trascendentales privilegiando la paz, como Mahatma Gandhi, quien liberó a la India del dominio inglés mediante una revolución pacífica, sin violencia, o Nelson Mandela, que terminó con el apartheid en Sudáfrica a través de la reconciliación, sin rencor hacia el régimen que lo mantuvo preso 27 años.
Ojo: no estoy defendiendo al dictador Nicolás Maduro, quien tiene sumido al pueblo venezolano en una miseria inconcebible, ni tampoco estoy del lado de los narcotraficantes que llenan las calles del mundo con veneno que destruye los sueños de millones de jóvenes.
Tampoco pido que María Corina Machado sea una santa, bastante es ya ser la principal líder opositora de un gobierno represor, pero insisto en que debe ser congruente y exigir el respeto a toda forma de vida, condenando cualquier tipo de violencia.
Cierro esta entrega con una reflexión: si el coordinador del operativo para sacar a Machado de Venezuela rumbo a Curazao y con destino final en Oslo, Noruega, no hubiera tenido contacto con el gobierno de los Estados Unidos, la propia María Corina pudo haber sido víctima de uno de estos bombardeos, al ser confundidos con traficantes de drogas.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuántos venezolanos inocentes han sido asesinados de esta forma, quedando sus cuerpos destrozados en medio del océano, sin identificar y en el olvido?