Filosofía sin escrúpulos
El desprecio a la verdad es la divisa de nuestros tiempos. Está en todo lugar; particularmente, en el gobierno federal. La prédica matutina, en sus dos versiones, la ruda y la suave, comparten el desapego a la verdad. En la pretensión de absolver a la presidenta Sheinbaum, suele decirse que está mal informada, aludiendo no a su falta sino a la de sus colaboradores; ella también dice eso del presidente Trump, a manera de rechazar su dicho de que en México mandan los criminales.
Mentir desde el poder puede deberse al error, puede ser involuntario, puede ser decisión calculada o reflejo propio de la autocracia; en este caso casi siempre parte de la convicción de que quien recibe la información, especialmente los afines, habrán de reafirmarse en su lealtad y de que las cosas van bien.
La mentira tiene su ciclo. En los primeros años de la presidencia de López Obrador una encuesta de GCE mostraba que la mayoría sabía que el presidente mentía, pero no les importaba porque la esperanza, reafirmada con los programas sociales daba para eso y más. La situación cambió y es un error de la presidenta Sheinbaum insistir en esta práctica perniciosa.
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