Agave y Tequila/Alejandro Verduzco
Michelle Obama y su descubrimiento de las disparidades del mundo. (Capitulo 1)
¿Quién no ha escuchado hablar de la ex primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama? Les confieso que a mí me despertó el interés una vez que escuché en Youtube una plática que dio para una fundación, confieso que a veces ponía esos vídeos de relleno mientras hacía alguna otra actividad, pero ese día escucharla se volvió tan interesante que cerré la puerta, agarre libreta y pluma y me puse a hacer notas de todo lo que decía. Actualmente estoy leyendo su autobiografía “convirtiéndome en Michelle” y apenas concluí el capitulo uno en dónde describe su niñez y lo que era todo su mundo en esas épocas, su hermano Craig, sus papás, su escuela, la iglesia. Menciona que todo lo que le importaba en ese momento se ubicaba en un rango de cinco cuadras. Nos habla también de los personajes que determinaron su niñez, de la forma en que los criaron, de los miedos que tenían por su color y de su momento de dicha cuando junto con sus padres y hermano salían a pasear en el carro los domingos. Hasta ese momento el capitulo me pareció demasiado personal, incluso un poco aburrido, da demasiado detalle de cosas muy personales, sin embargo el cierre me dejó pensando, ella en hojas anteriores narra sus clases de piano con su gruñona tía abuela, la forma en que aprendió en un piano viejo con las teclas rotas que le permitían identificarlas y su falta de paciencia para ir paso a paso en el proceso de aprendizaje, al grado que su tía y ella se volvían enemigas por sus diferentes posturas en el proceso de aprender. El tema es que en el recital, con un piano nuevo, sin marcas, Michelle se inmutó al no saber dónde poner su dedo para iniciar, la tecla rota era toda su referencia y ahora no estaba. Su tía se paró para indicarle en dónde debía poner el dedo y pudo tocar su pieza. Michelle concluye este capitulo diciendo “tal vez sabía que las disparidades del mundo acababan de materializarse por primera vez ante mi” , está reflexión para mí hizo que todo el capítulo valiera la pena. Las disparidades del mundo que la inocencia de los niños no conoce pero que existe y que hace toda la diferencia, por qué nadie puede negar que es verdad que las circunstancias en las que nacemos la mayoría de las veces determinan nuestro destino.