Gobierno de Veracruz respeta la libre manifestación: Rocío Nahle
El nacionalismo obradorista no es un inofensivo argumento para reafirmarse en el poder; mucho más que eso, constituye una manera de encerrarse en sí mismo frente al mundo; no se trata de defender la soberanía nacional de la amenaza extranjera, sino de blindar al régimen político de los valores y derechos universales. Por tal consideración, creen que el dictador Ortega de Nicaragua está en su derecho soberano de suspender elecciones. La democracia y sus fundamentos no son una opción; interna y externamente son una obligación. Elecciones justas, derechos humanos, legalidad, desconcentración del poder, rendición de cuentas, transparencia y libertad de expresión son consustanciales a la condición de un país democrático, a pesar de la embestida contra todo ello por los populismos que el descontento ha llevado al poder.
El nacionalismo obradorista es licencia para la impunidad, como queda de relieve en la manera con que el gobierno la invoca para blindar a los miembros del régimen en connivencia con el crimen organizado. La cancelación de la visa del hijo del líder moral despertó la ira del padre y la del régimen que se cubrió de dignidad nacionalista, con la falsa convicción de que significaba un ataque a la soberanía. En ese mismo afán se llega al extremo de ni siquiera investigar acciones criminales de miembros del régimen, a pesar de las evidencias y del control total que se tiene de la FGR. Es absurdo pensar en justicia ante la realidad del nuevo Poder Judicial Federal, sometido al régimen y bajo una creciente y desbordada corrupción.
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