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CDMX, 5 de marzo de 2026.– En el marco del #8M, reconocemos la presencia histórica de las mujeres como agentes de construcción y cambio. Su memoria vive en códices, piezas arqueológicas, crónicas y también en nuestro presente.
En los pliegues del Códice Nuttall, el Códice Vindobonensis y el Códice Selden, las mujeres no ocupan los márgenes; por el contrario, sostienen genealogías, articulan alianzas y garantizan continuidad. Representan linaje y estrategia. Encarnan memoria en movimiento.
Asimismo, laten en la piedra volcánica. Coatlicue condensa vida y muerte en un mismo pulso. Coyolxauhqui, fragmentada en el mito, permanece como origen inscrito en la cosmovisión mexica. Chalchiuhtlicue fluye como principio vital, fuerza que transforma y sostiene.
Con el Virreinato cambiaron las narrativas; sin embargo, su presencia permaneció. La Malinche, también conocida como Malintzin o Doña Marina, actuó como intérprete y mediadora entre universos en tensión. A lo largo de los siglos, su figura generó debate; no obstante, su capacidad de acción resulta innegable.
En códices coloniales, lienzos indígenas y crónicas, las mujeres aparecen como nobles, tejedoras y pilares de la economía y la vida comunitaria. No orbitaron la historia: la articularon.
Hoy, entre salas de museos y territorios vivos, su presencia continúa. En la sierra, en el campo y en las calles, construyen, median y crean mundos.
Por ello, en el marco del 8M recordamos a las mujeres que han marcado nuestra historia. Su huella atraviesa el tiempo: nombra linajes, sostiene comunidades y transforma realidades.



