¡La Voz de la Igualdad!
A pocos días de conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo (8M), la realidad nos alcanza y recuerda que la violencia contra las mujeres en México persiste y, en el peor de los casos, deriva en un feminicidio.
Kimberly Joselin Ramos, de 18 años, desapareció el pasado 20 de febrero. Cursaba el segundo semestre en la Facultad de Contaduría, Administración e Informática de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). El día de su desaparición fue la última vez que su familia tuvo contacto con ella. Esa mañana salió rumbo a la universidad, abordó el transporte y, en un mensaje, avisó que había llegado al campus Chamilpa. Después de eso se perdió la comunicación con Kimberly. Sus familiares presentaron la denuncia correspondiente, lo que activó el protocolo de búsqueda por parte de la Fiscalía General del Estado de Morelos.
Las investigaciones incluyeron el rastreo digital de su teléfono, recorridos en zonas boscosas cercanas al campus y la intervención de la Agencia de Investigación Criminal.
Posteriormente, 10 días después, la tarde del 2 de marzo, en la zona norte de Cuernavaca, en un predio del poblado de Chamilpa, en una zona boscosa que colinda con la universidad, fue localizado el cuerpo de Kimberly. Así lo confirmó el titular de la Fiscalía de Morelos, Fernando Blumenkron Escobar.
Su exnovio, Jared Alejandro “N”, fue detenido y se le imputó el delito de desaparición de persona cometida por particulares agravada. Como parte de las diligencias, autoridades realizaron un cateo en una cabaña propiedad de la familia del imputado, donde localizaron el teléfono celular de la víctima, su credencial para votar y su bolso, según información oficial. La Fiscalía no descartó la posible participación de otras personas.
Esta narrativa de los hechos es similar a la de muchos otros casos. Existe un común denominador en las circunstancias. La Red Nacional de Refugios (RNR) presentó un informe el año pasado donde da cuenta de que las mujeres víctimas de violencia tienen principalmente entre 15 y 25 años, en un 41%; de 26 a 35 años, 39%; y de 36 a 50 años, 20%. El 89.6% de los agresores son parejas o exparejas.
El caso de Kimberly podría ser cualquier otro en México, porque en un contexto de violencia, las relaciones de poder sobre las mujeres y las desigualdades históricas que sitúan a los hombres en posiciones de dominio, autoridad y control sobre el espacio público y la vida de las mujeres, junto con la impunidad, dan seguridad a los agresores para cometer cualquier delito sin que pase nada.
El 8M sirve para exigir justicia, para que casos como el de Kimberly no queden impunes, sean juzgados con perspectiva de género y, en el mejor de los casos, obtengan sentencias ejemplares.
El próximo domingo, en distintas ciudades del país, se realizarán marchas. Colectivos feministas han convocado a mujeres a sumarse a la manifestación y a otras actividades para visibilizar las violencias de género y seguir con la lucha histórica por la igualdad, la justicia y el reconocimiento pleno de los derechos de las mujeres.
Usemos el 8M para exigir un alto a las agresiones contra mujeres y niñas. Ha habido avances desde el origen de esta protesta social que, con los años, ha cobrado fuerza, y es necesario continuar para que haya consecuencias cuando una mujer es violentada y asesinada. Usemos el 8M para seguir haciendo historia.