Control de daños
Las mañaneras de la presidenta se han vuelto disfuncionales. Nunca han servido para informar ni para que los medios puedan preguntar con libertad el quehacer de las autoridades. Son un grotesco recurso de propaganda, con altas y bajas, pero sin cumplir con las obligaciones de toda autoridad deinformar objetivamente, sin juicios de valor, con respeto al particular y la observancia de la presunción de inocencia. Casi todo pasa, menos el apego a la verdad.
La presidenta Sheinbaum, quien hace de las encuestas de aprobación el engañoso espejo de lo bien que va su gobierno, cada vez abusa más de ese espacio público. El engaño ya no sirve porque el público lo advierte; la mentira en el pasado aliviaba, ahora ofende. Cada vez se tienen que eludir respuestas no porque no se tenga la información, sino porque no se puede decir lo que ya se sabe. El exabrupto presidencial ante el Comité de la ONU en materia de desaparición forzada no guarda precedente, infamia solo superada cuando López Obrador deslizó la posibilidad de que el ataque al periodista Ciro Gómez Leyva pudiera ser un autoatentado.
El jueves 16 de abril prueba que la narrativa gubernamental está en su punto más bajo. La presidenta prestó su espacio para que el secretario Ebrard respondiera al reportaje del periodista Claudio Ochoa, donde se revela que la embajada de México en Londres había sido utilizada para hospedar a su hijo, cuando se desempeñaba como secretario de Relaciones Exteriores. En lugar de una explicación razonada y serena acusó de mezquindad al periodista y se desgarró las vestiduras para decir que en esos tiempos él se ocupaba de salvar a los mexicanos con su gestión institucional ante la Covid.
La nota completa en Quadratín Yucatán