Rescata León empate ante Querétaro tras dejar escapar la ventaja
El gobierno de Guanajuato ha decidido pasar a la ofensiva ante los cuestionamientos de la opinión pública y las quejas de los agricultores del distrito de riego 011, sobre la viabilidad técnica del proyecto de acueducto Solís-León. La gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, presentó el pasado 10 de noviembre, una campaña informativa con base en una página de internet, en busca de dar respuesta y generar certidumbre, ante las protestas de las últimas semanas. ¿De verdad es posible extraer 120 millones de metros cúbicos de agua sin afectar los acuerdos de distribución de la cuenca Lerma-Chapala, y frente a escenarios de cambio climático que prevén hasta 30% menos lluvia hacia el año 2050? La mandataria dijo que sí.
La dirección web con la información es https://agua.guanajuato.gob.mx/aguaparalagente/. Además de algunos datos, como que el proyecto beneficia a 25 millones de agricultores, establece que la totalidad del agua para el área metropolitana de León provendrá de ahorros por la tecnificación de 10,200 hectáreas del distrito de riego 011, equivalentes “a 14,300 canchas de futbol”. En la información se establecen 4,500 m³ de ahorro por hectárea con la tecnificación; el agua destinada a León será exclusivamente de ese origen. Sin embargo, multiplicadas las 10,200 hectáreas por el agua ahorrada, solo se obtienen 45.9 millones de m³. Para alcanzar los 120 millones de m³ que demanda la metrópolis, se necesitaría tecnificar casi 27 mil hectáreas.
La inversión que anuncia el portal para este proceso es de 6,412.8 millones de pesos totales, pero ese recurso global incluye la modernización de 228 estructuras en canales principales, de más de 243 km de canales principales, de 92.7 km de canales secundarios y de 143 puntos de control de aforo o medición, además de tecnificar las 10,200 hectáreas.
¿Entonces la respuesta puede ser sí? El presidente del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua en Jalisco, Juan Guillermo Márquez Gutiérrez, defensor de los acuerdos que cancelaron la entrega de agua a León desde la cuenca del río Verde, señala que los promotores del acueducto presa Solís-León deben ser serios si quieren lograr sus objetivos. La meta de tecnificar para no afectar las asignaciones de agua de la cuenca es viable pero necesita mucho más dinero, que se dé asistencia a los agricultores para mantener su infraestructura y que se les apoye de forma decidida para productos rentables y acceso a mercados. Y de cualquier modo, no es su mejor opción, añade.
“La solución de mediano y largo plazo para el abasto del agua a la ciudad León, Guanajuato, debe ser integral y basada en gestión de cuencas […] la opción que han adoptado, integrada ya en el Plan Hidrológico Nacional, es la de llevar agua desde la presa Solís a través de un acueducto a la ciudad de León, pasando por las ciudades de Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao. Dicha solución se basa en la utilización de agua superficial almacenada en la presa, siendo ésta muy vulnerable ante escenarios de sequías. También está basada en la recuperación de volúmenes de agua por tecnificación de riego, principalmente”, señala.
El origen de esta solución “tiene como base el trabajo plasmado en el Programa Estatal Hidráulico de Guanajuato, elaborado por el Gobierno del Estado de Guanajuato y la Comisión Nacional del Agua. En él mencionan que por diversas acciones, el estado puede recuperar un volumen de 1,393.41 millones de m³ volumen, 11.6 veces más agua de la que pretendían del río Verde a través de la presa El Zapotillo, sobresaliendo dos acciones: 484.45 millones de m³ que se pueden recuperar sólo por respetar los volúmenes concesionados y 366.45 millones de m³ por modernización, rehabilitación y/o tecnificación de riego”.
Agrega: “esta solución del acueducto Solís-León requiere un manejo muy meticuloso, participativo y transparente para evitar conflictos con el sector agrícola de Guanajuato, Michoacán, Jalisco, así como con los municipios de la ribera del lago de Chapala y los del Área Metropolitana de Guadalajara”.

El representante ciudadano pugna por la derogación del Decreto Presidencial del 7 de abril de 1995, que declara la reserva de las aguas del río Verde para usos doméstico y público urbano, excluyendo al sector agroalimentario (modificado en 1997 sin alterar su espíritu casi exclusivo a favor de las ciudades) y emitir dos decretos nuevos: el correspondiente a la dotación de agua a los cinco municipios del estado de Guanajuato y el que reglamente las adecuaciones en la Presa Solís relacionadas con la disposición de los volúmenes almacenados, incorporando el uso público urbano como usuario, sin afectar los acuerdos y decretos acordados previamente”.
Sin embargo, Márquez Gutiérrez señala que León “tiene en el acuífero su mayor tesoro que, con un plan de manejo adecuado, le puede proporcionar agua para siempre de manera sostenible. Para un plan así, es indispensable el aporte ambiental que le proporciona a la ciudad la Sierra de Lobos que, como la llamó en su momento don Jorge Arena Torreslanda, es el ‘tinaco de León’ […] otra solución es, también considerando los servicios ambientales que proporcionan las sierras que se encuentran del lado norte del municipio, establecer planes integrales de recarga de los acuíferos del municipio de León y sus áreas circundantes y un uso eficiente del líquido, entre otras acciones”.
Carlos Hernández Solís, ex responsable de la región Lerma-Santiago-Pacífico por la Comisión Nacional del Agua, apunta que la información proporcionada en la web del estado de Guanajuato no determina la viabilidad técnica del proyecto y jurídicamente precaria, pues se afectan derechos de terceros que le anteceden en tiempo, en una cuenca que no tiene disponibilidad.
El asunto “implica poner en la mesa esto y más aspectos asociados a reglas de operación soportados por análisis hidrológicos que incorporen las abundancias y escasez del ciclo hidrológico, considerando un período que cubra los mayores eventos extremos registrados”, advierte.
El análisis de escenarios de cambio climático en la cuenca Lerma-Chapala lleva a prever una reducción en el agua de lluvia de entre el 21% y 29% para mediados de siglo, lo que afectará el volumen y la disponibilidad de agua, señala el investigador Sergio Vargas Velázquez, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Si se considera una cuenca no ordenada, con el mayor número de acuíferos sobreexplotados del país, y severa contaminación por desechos industriales y urbanos, que impiden la reutilización del agua, el panorama no es halagüeño, pese a que desde hace al menos dos décadas se ha puesto en acento en eso.
Y es que en su situación actual, “la cuenca Lerma-Chapala es un territorio sumamente afectado en términos de su funcionamiento hídrico”, advierte el ambientalista e investigador Alejandro Juárez Aguilar, presidente de Corazón de la Tierra AC.
“Si bien, los acuerdos de distribución existentes y la misma existencia del Consejo de Cuenca han ayudado a que la distribución del agua sea relativamente estable a partir de la definición de cálculos técnicos que fueron aprobados después de un proceso muy largo de negociación y de consenso, me parece que la problemática principal de la cuenca es que todo se ha centrado justamente en distribuir el agua. Hay muchísimos menos esfuerzos en asegurarse de que el agua se siga recargando de forma adecuada y esto es evidente en términos de la presión que se ha ejercido sobre los espacios forestales, que cumplen funciones muy importantes en términos de retener el agua y hacer que escurra de forma lenta, de alimentar arroyos, manantiales, pozos y también los principales ríos y lagos que están dentro de la cuenca”, explica.
¿Qué es lo que se tiene que hacer entonces? “Tenemos que recordar que en el caso del lago de Chapala, este tema de atención que se ha se ha centrado sobre el volumen ha distraído muchísimo de todos los demás problemas y todos los demás problemas no desaparecen; simple y sencillamente se van acumulando y el lago, como todos los lagos del planeta, tiene capacidades de resistir, de autorregularse, pero no son infinitas”.

“Este es un buen momento para repensar lo que viene siendo el manejo, y cambiar de manera muy drástica, entendiendo que un lago y una cuenca no son solamente una fuente de agua, no es una situación del agua como recurso que nos podamos repartir. No es un botín. Aquí se generan muchísimos más servicios ambientales, incluyendo la regulación climática, la pesca, la derrama económica a través de los temas de turismo e incluso este la protección contra grandes inundaciones…”.
Advierte que en el centro de cualquier proceso de conservación y restauración “tiene que estar forzosamente la participación social, que permita aterrizar políticas en todas partes del territorio y esto implica en muchos sentidos que el gobierno comparta parte de este responsabilidad con todos los grupos y sectores que están en el territorio, que se generen procesos amplios de diálogo que no necesariamente van a ser sencillos, pero el punto central de todo esto es mantener los flujos hidrológicos, mantener el flujo del agua”.
No se trata solamente de ahorrar agua, sino de usarla mejor. En la cuenca de Chapala hay un proyecto para reducir el uso de fertilizantes y agroquímicos, que reduce el costo del paquete tecnológico del agricultor en 35 a 40% y permite la restauración de suelos, además de ayudarlo a mejorar la elección de cultivos de acuerdo a la disponibilidad del agua y de las oportunidades de mercado. “Se han podido reconvertir 507 hectáreas en en un proceso de solamente 2 años, pero aquí a 2 años más estamos apostándole a aumentar la superficie a entre 1,200 y 1,500 hectáreas y en el año 2030, poder alcanzar 5,000 hectáreas, básicamente 10% de las zonas agrícolas alrededor del lago”, pero con un cambio de fondo en el modelo productivo a una fase de sostenibilidad plena.
El distrito de riego 011 es uno de los más grandes del país, y se le ha cargado la misión de recuperar agua para la zona urbana de León.
Comprende “112,270 hectáreas de riego, por lo que es una de las regiones más productivas del país, pero también de las más sobreexplotadas, especialmente en las aguas del subsuelo. El abastecimiento de agua para esta superficie irrigada se realiza por dos vertientes: una con agua superficial, que corresponde a 77,772 hectáreas, y la otra, con aguas subterráneas, que corresponde a 34,498 hectáreas”, señalan los investigadores Miriam Mónica Torres López, Eduardo Fernández Guzmán y Miriam Reyes Tovar.
El DR 011 agrupa a 23,491 usuarios, de los cuales, 55% son ejidatarios (280 ejidos) y 45% son pequeños propietarios. “La parcela media global es de 4.7 ha, pero varía según el tipo de régimen de tenencia de la tierra: 3.7 ha en el sector ejidal y 7.6 ha en la pequeña propiedad. Los regantes se distribuyen en cada una de las asociaciones civiles, y estos a su vez se subdividen por el tipo de tenencia de la tierra.
De manera que el DR011 está integrado por 11 territorios administrativos de la “red menor”: Módulo de Riego I de Acámbaro, Módulo de Riego II de Salvatierra, Módulo de Riego III de Jaral, Módulo de Riego IV de Valle de Santiago, Módulo de Riego V de Cortazar, Módulo de Riego VI de Salamanca, Módulo de Riego VII de Irapuato, Módulo de Riego VIII de Abasolo, Módulo de Riego IX de Huanímaro, Módulo de Riego X de Corralejo y el Módulo de Riego XII de La Purísima.

Sus dimensiones son tales, que no les basta Solís: requieren agua superficial de Tepuxtepec, Laguna de Yuriria y La Purísima, con presas derivadoras en Chamácuaro, La Reforma, Lomo de Toro, Santa Julia y Markazuza. Los académicos añaden que la infraestructura que compone el DR011 incluye 475 kilómetros de canales principales, 1,183 kilómetros de canales secundarios, 260 kilómetros de drenes principales, 761 kilómetros de drenes secundarios, 1,235 kilómetros de caminos, 8,158 piezas de estructuras, 175 pozos “oficiales” y, 1,544 pozos particulares (todos los cuales están registrados
ante en el Registro Público de Derechos de Aguas, REPDA).
Por su parte, los académicos Marisol Arreguín Ramos, Benito Rodríguez Haros y Marilú León Andrade destacan que el volumen concesionado al distrito 011 corresponde a la suma de la concesión de los once módulos, con volumen promedio de 821 millones 470 mil m³ de agua superficial y 76 millones 800 mil m³ de agua subterránea. La asignación máxima es de 955 millones de m³ (millones
de metros cúbicos). La asignación contempla además las pérdidas de conducción por 130 millones de m³ adicionales, equivalente a 108% del volumen que demanda León, pero que implicaría el revestimiento completo de esos canales.
Para Alex Ricardo Caldera Ortega, investigador de la Universidad de Guanajuato, es necesario dar más detalles para clarificar que el mejor acuerdo de distribución de agua que se ha generado en México no se ponga en riesgo. “Cuando se canceló el trasvase del Zapotillo, aunque se manejaron otras alternativas, en realidad nunca se les dio realmente seriedad a esas alternativas, por parte del gobierno […] las opciones de construir almacenamientos y conducciones son las que prefieren las autoridades, porque son entre comillas más fáciles de de concretar”, porque “desde hace 20 años se viene trabajando el ajuste del agua que tenemos en la cuenca a través de estrategias de gestión de la de la demanda, no de la oferta”.
Esas opciones llevan más tiempo y requieren de un compromiso fuerte con la sociedad. Pero si no se asume que el agua será cada vez más difícil de proveer en una región con lluvias a la baja, serán difícil de implementar.
Aun cuando los próximos 25 años implican retos importantes en la disponibilidad del agua, también representan el momento clave para impulsar innovación, eficiencia y colaboración, sentando hoy las bases de un uso más responsable y sostenible del recurso para las futuras generaciones.