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Ciudad de México., 29 de abril de 2026.- San Juan de Ulúa se levanta como uno de los monumentos más representativos de la historia de México, al ser testigo de episodios clave que marcaron el nacimiento y consolidación de la nación.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señala que el 24 de junio de 1518, la expedición española encabezada por Juan de Grijalva llegó al islote de Tecpan Tlayácac, frente a las costas del actual Veracruz. Ese sitio, cuyo nombre en lengua originaria significa “nariz o saliente de la Tierra del Palacio”, albergaba un adoratorio dedicado a Tezcatlipoca. A partir de entonces, los conquistadores lo bautizaron como San Juan de Ulúa.
Posteriormente, el lugar se convirtió en escenario del encuentro entre dos culturas. Lo que inició como un campamento impulsado por Hernán Cortés evolucionó, durante el siglo XVI, hacia una compleja fortaleza militar diseñada para defender la ciudad, servir como aduana, almacén y muelle autorizado por la Corona española.
La construcción formal comenzó en 1535 con el baluarte de San Pedro, seguido por el muro de las argollas y, años después, el baluarte de San Crispín. Estas estructuras se edificaron con piedra muca, un coral característico de la región. Gracias a ello, el recinto se consolidó como uno de los ejemplos más sobresalientes de ingeniería militar de su época.
Además, el 23 de noviembre de 1825, San Juan de Ulúa protagonizó un momento decisivo al concretarse la capitulación española, hecho que abrió paso a un territorio libre y soberano.
Finalmente, desde 1961, el inmueble quedó bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, transformándose en un recinto museístico de gran relevancia. Hoy, resguarda valiosas colecciones arqueológicas e históricas de Veracruz y ocupa el quinto lugar entre los sitios más visitados del país.