Las Batallas
Escuchando a Antonio Navalón discurriendo sobre la presidenta Sheinbaum en Código Magenta, hace pensar en una sorprendente semejanza entre el lejano ayer y el ahora, esto es, el desdén al voto como fuente de legitimación. Como en el viejo régimen, el ungimiento de quien ocupara la presidencia se deriva del destape, no del sufragio popular. Una diferencia no menor, en el PRI se procesaba la lealtad al sistema, ahora es hacia el caudillo fundador. Morena como tal no existe, fue una estructura para llevar al poder a López Obrador y persiste en el mismo empeño, mantenerlo como la figura que orienta, cohesiona e inspira. La presidenta Sheinbaum es clara al respecto y eso significa no solo la debilidad de la autoridad presidencial, sino más bien, su ausencia como mandataria porque López Obrador y todo lo que representa adquieren preeminencia, esto es, la política sobre las instituciones.
Hay que entender desde dentro para comprender la manera como prevalece el interés del régimen por encima al país. La primera razón refiera a la premisa falsa, propia de toda cultura autoritaria, que el régimen político es la expresión misma del interés nacional. Lo que no pertenece al régimen no solo es ilegítimo, sino que atenta contra el auténtico interés del pueblo. Es un asunto de representación simbólica que no requiere del sufragio porque antepone la idea de que el partido y su estructura de poder son lo mismo que la nación. Cualquier semejanza con los totalitarismos -leninismo, fascismo, nazismo o las teocracias- no es casual. Esto se corrobora con el fallido intento de depurar a la coalición gobernante con la expulsión del PVEM y PT.
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