Que se vaya Taddei
El paso de México por la Copa del Mundo 2026 dejó algo más que marcadores y estadísticas: dejó una imagen nueva, más compleja, del país. Durante semanas, las calles se convirtieron en escenario de una catarsis colectiva de júbilo, desborde cultural e ilusión popular. Pero en la periferia de esa fiesta, la realidad siguió latiendo con crudeza: tensión sociopolítica, despliegues de seguridad inéditos, campamentos de protesta, protestas de madres buscadoras, alertas diplomáticas y tragedias silenciosas.
Lo que se vio no fue solo fútbol. Fue una disputa por el espacio público y por el relato de México: quién cuenta al país, desde dónde y con qué imágenes.
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