Gabino Palomares y su canto de rebeldía
La Copa Mundial de la FIFA 2026 cautiva a las audiencias del mundo gracias a los medios digitales y tradicionales, donde televidentes, radioescuchas, usuarios de internet, redes sociales y los famosos FIFA Fan Festival han estado al pendiente e interactuando durante estas semanas, viendo a sus equipos y estrellas favoritos, como Argentina con Lionel Messi, Portugal con Cristiano Ronaldo, Francia con Kylian Mbappé, Brasil con Vinícius Jr., Inglaterra con Harry Kane, México con Julián Quiñones, Cabo Verde con Vozinha, Noruega con Erling Haaland y España con Lamine Yamal.
Una de las conmociones en redes sociales fue Tim Pay de Nueva Zelanda, quien gracias al influencer argentino Valentín Scarsini, alias “El Scarso”, hizo que este jugador pasara de 4,715 seguidores en su cuenta de Instagram @timpayne_ a más de 5.8 millones en unas semanas, a través de su dinámica: ¿Y si hacemos protagonista del Mundial al futbolista menos conocido? Esa es la fuerza y alcance en audiencia de las redes sociales hoy en día.
La FIFA informó en uno de sus primeros reportes que más de 50 millones de personas siguieron la acción mundialista en las tres naciones anfitrionas durante el primer fin de semana, un reflejo del notable interés que ha despertado la competición en Canadá, Estados Unidos y México. Estos resultados en audiencia en los países anfitriones se suman además a múltiples países y continentes, consolidando una vez más a la Copa Mundial de la FIFA como el acontecimiento deportivo más grande y con mayor seguimiento del planeta.
La primera semana ya dejó cifras históricas, cuotas de mercado sin precedentes y las transmisiones más vistas del año en varios países, elementos que han fijado nuevos referentes de participación y evidencian el atractivo global incomparable de la Copa Mundial de la FIFA, con un producto atractivo como la experiencia en los estadios, ver los partidos de las selecciones de futbol y a los jugadores más destacados del planeta.
Por su parte, Nielsen, una de las empresas globales líderes en medición de audiencia, menciona que el mercado publicitario del fútbol estadounidense está valorado en miles de millones de dólares, con cuatro años de inversión publicitaria, ocho torneos y un escenario mundialista.
Nielsen analiza el cambio radical que ha experimentado el aficionado al fútbol en Estados Unidos, revelando quién ve los partidos, quién sale ganando en el ámbito publicitario y qué se puede esperar de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Puede que el fútbol sea el deporte más popular del mundo, pero en Norteamérica se trata de tres disciplinas muy diferentes: México, Canadá y Estados Unidos llegan al 2026 con su propia afición, su propia historia y sus propios hábitos de consumo televisivo y deportivo.
El pasado 2 de julio, la FIFA en su cuenta de “X” @FIFAcom señaló que México rompió su propio récord de audiencia televisiva de la Copa Mundial de la FIFA 2026 tres veces en este torneo: su partido contra Ecuador fue el encuentro más visto del siglo XXI en México y registró un récord histórico de audiencia combinada para un partido de fútbol en EE.UU.
Asimismo, en dicho portal se menciona que México sigue rompiendo récords en la Copa Mundial de Fútbol 2026. Esta edición del torneo marca la primera vez que la selección gana cuatro partidos en un Mundial con paso perfecto y sin goles recibidos, y nunca antes había superado la fase de grupos con marca perfecta. A ello se suma un récord fuera de la cancha, ya que la FIFA ha confirmado que el partido entre México y Ecuador es el más visto en la televisión mexicana. De acuerdo con cifras de la federación, el encuentro reunió a 35.1 millones de espectadores en México, con 19 millones de televidentes en Televisa y 16.1 millones en TV Azteca. El duelo también alcanzó cifras históricas en Estados Unidos, donde sumó 29.3 millones de espectadores entre las transmisiones de Telemundo (18.9 millones) y Fox (10.4 millones).
El periódico El País menciona que la racha comenzó desde el debut del Tri ante Sudáfrica, que reunió a una audiencia media de 23.4 millones de espectadores. El encuentro alcanzó una cuota de pantalla del 72.1 % de share, es decir, casi tres de cada cuatro personas que veían televisión en México siguieron a la selección nacional en la inauguración del Mundial.
En Estados Unidos, donde se cuenta con un sector de aficionados conformado por migrantes y ciudadanos con ascendencia mexicana, también se registró una audiencia cercana a los 20 millones de televidentes, lo que permitió a Telemundo alcanzar la transmisión en español de un partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA con mayor audiencia en la historia de la televisión estadounidense, país donde sabemos que las preferencias de las audiencias estadounidenses son el futbol americano NFL, el beisbol con las Grandes Ligas MLB y el básquetbol con la famosa NBA principalmente; sin embargo, el futbol con estos resultados sigue avanzando en el gusto de los televidentes en nuestro país vecino.
En mi publicación anterior titulada “Pausa de hidratación o monetización” hago mención de los ingresos que generan para la FIFA los derechos de transmisión, patrocinios, publicidad, venta de boletos y hospitalidad en los estadios, pero no solo eso genera el gran negocio para varios sectores, ya que estamos viviendo también un consumo deportivo global, el patriotismo o nacionalismo, que nos da tener una playera de nuestro país, el uniforme, banderas, comparar la mejor Smart TV para vivir una experiencia única, la venta por consumo en los restaurantes, hospedaje en hoteles, transporte privado, venta de souvenirs, entre otros, ya que en México somos uno de los países más intensos y eso sí, dicho por grandes cadenas televisivas internacionales y selecciones que albergamos en nuestro país, que somos “la mejor afición y anfitrión del mundo”.
No podemos dejar de lado que este nacionalismo, patriotismo y fanatismo por este deporte ya dejó en nuestro país una mancha de violencia y muerte en el Mundial 2026 por festejos extremos el pasado martes 30 de junio en la Ciudad de México por la victoria de la selección vs Ecuador. Además, hubo violencia física por peleas, riñas y agresiones en los Fan Fest de Guadalajara, Monterrey y otras ciudades, y qué decir de las grandes cantidades de basura que dejan los aficionados y el vandalismo en comercios. Es obligatorio mencionarlo. Hay que hacer conciencia y un alto a los excesos.
Por lo tanto, de cara al futuro, el reto para los medios de comunicación, las marcas y las instituciones será convertir la enorme atención que genera el Mundial en estrategias de largo plazo que impulsen el desarrollo del deporte, la educación, el turismo y la economía. Al mismo tiempo, será indispensable fortalecer la alfabetización digital y la medición integral de audiencias, considerando no solo el rating televisivo, sino también el consumo en streaming, redes sociales y plataformas móviles. El Mundial 2026 marcará un antes y un después en la forma de medir el impacto de los grandes eventos deportivos, por lo que comprender las nuevas dinámicas de las audiencias será clave para quienes toman decisiones en comunicación, mercadotecnia, medios y políticas públicas en seguridad.
El Mundial de la FIFA 2026 ha confirmado que el fútbol es mucho más que un espectáculo deportivo: es un fenómeno global de comunicación, consumo e identidad colectiva. Los récords de rating, share, alcance y participación en plataformas digitales demuestran que la convergencia entre televisión, radio, streaming y redes sociales ha transformado la forma en que millones de personas viven el deporte. Las cifras presentadas por FIFA, Nielsen y diversos medios especializados evidencian que el Mundial no solo reúne a las mejores selecciones del planeta, sino también a las audiencias más grandes y diversas de la historia.
Sin embargo, este extraordinario poder de convocatoria también implica una responsabilidad compartida. El entusiasmo, el nacionalismo y la pasión por el fútbol deben traducirse en convivencia, respeto y cultura cívica, evitando que las celebraciones deriven en violencia, vandalismo o afectaciones al espacio público. El verdadero legado de un Mundial no se mide únicamente por sus récords de audiencia o sus beneficios económicos, sino por la capacidad de inspirar unidad, fortalecer el tejido social y proyectar una imagen positiva de los países anfitriones ante el mundo.