La inocencia en materia penal
Los desencuentros y las diferencias son parte de lo social. Toda nación vive con ellos; incluso la misma historia y sus prohombres forman parte de la polémica. Las verdades en una democracia son precarias; pueden ser mayoritarias, pero nunca finales ni excluyentes; importantes son las reglas y las instituciones que garantizan la coexistencia en la diversidad y diferencia. No es propio de un régimen democrático considerar traidores a la patria a quienes no comparten su visión. Es común en los regímenes totalitarios: verdad solo hay una y quien no la suscriba merece el rechazo y, a veces, el paredón.
Un problema de nuestros tiempos es el populismo, que tiene mucho de autoritario. Así es Trump y su movimiento MAGA, también el obradorismo. Su último intento de reforma política pretendía excluir de la representación política sustantiva a cualquier expresión de pluralidad, incluyendo a sus propios asociados. Un error propio de la mente totalitaria, que hace del proyecto político la única expresión legítima.
La debacle ética del morenismo, efecto necesario de la imputación legal sobre la asociación entre gobiernos y cárteles de la droga, ha llevado al enfrentamiento entre la verdad oficial y la verdad legal. Para los voceros del régimen se trata de entender el contexto y, como tal, refieren que el interés de EU no es combatir las drogas, sino imponerse a los gobiernos soberanos; una fórmula para envolverse en la bandera, a manera de acreditar que la verdad oficial es la defensa de la soberanía frente a la verdad legal que viene del exterior. Empero, no hay manera de rechazar una detención con efectos de extradición, menos cuando proviene de un país donde la demanda cuenta con el aval de un jurado que valoró argumentos y pruebas para dar inicio al proceso penal.
La nota completa en Quadratín Yucatán




