Sin Interferencia/Enrique Rivera
Para muchos, seguidores o críticos de Morena, la intervención de la presidenta Sheinbaum en España fue espléndida, reivindica una forma de ver la historia nacional a manera de acreditar al morenismo que nació en 2018 y ratificado en 2024. Es posible que también la recibieran con satisfacción y alivio los mandatarios presentes por las dificultades de los gobiernos de izquierda. No hay nada mejor que asumir que el mandato presente tiene su origen en la historia, y como dijera Luis Donaldo Colosio, en aquel memorable mensaje de aniversario del PRI, solo los proyectos autoritarios hacen de la historia mandato.
La izquierda en Hispanoamérica vive una severa crisis después de un repunte que le dio acceso al gobierno en muchas naciones. El problema no solo es perder el poder, sino perder el rumbo, y en buena parte sucede porque al gobernar se impuso la deriva autoritaria y la corrupción. Una venalidad de nueva factura, no es aquella asociada a la desviación de recursos públicos para el clientelismo, no, ahora es vil enriquecimiento personal y familiar. Desde luego que no es exclusivo de los gobiernos de izquierda, pero hoy es desproporcionado.
A la luz de lo que sucede en el mundo, particularmente con el arribo de Trump, es un acierto que la izquierda convoque a la defensa de la democracia. Sin embargo, por la historia propia en el ejercicio del poder, debiera iniciar con una seria y honesta autocrítica. Los llamados movimientos progresistas no solo se han alejado de la democracia, sino que han conspirado contra ella; el mejor y más acabado ejemplo está en México.
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