¡La Voz de la Igualdad!
Columna 100: Qué padre
Llegamos a la columna número 100 y contando, como dice la canción: Se hace camino al andar.
Por esa razón, Descomplicado intenta ser una pausa en el vertiginoso mundo que nos toca vivir, para tratar de comprender la realidad en un entorno que se parece más a los multiversos que construye la industria cinematográfica con sus héroes de acción.
El tema es que, en el mundo real, sí hay héroes de carne y hueso. Se cuentan por millones, pero sus historias, su dedicación y su empeño por construir un mundo mejor quedan silenciados ante la abrumadora generación de contenido que provoca polarización y conflicto.
Dedico esta columna a los padres de familia que quieren estar presentes en la vida de sus hijas e hijos; los que dan la vida por sus cachorros y están atentos en la formación de sus vástagos.
Lamentablemente, como periodista y -en lo personal- conozco casos muy cercanos en los que he visto cómo decenas y cientos de hombres íntegros, padres amorosos, han sido alejados de forma cruel de sus hijas e hijos, a base de mentiras, alienación parental, falsas acusaciones y denuncias penales que provocan que muchos de esos hombres de bien pasen periodos largos sin ver a sus pequeños e, inclusive, en algunos casos, pisen la cárcel por denuncias que se convierten en historias de terror.
El caso más lamentable que conozco es el de mi amigo, el Dr. Marcos Miranda, quien falleció de cáncer en noviembre pasado, después de batallar más de 15 años por intentar rescatar la relación con sus hijas, entonces menores de edad, lo que fue prácticamente imposible.
Como periodista escribo sobre tres pilares: la construcción de paz, tratar de comprender el mundo actual más allá de la IA (bajo el concepto de Cavernautas) y la geopolítica.
Sobre la marcha he aprendido que lo peor que podemos hacer es idealizar la paz; cuando se trata de construirla, como dijo Marta Lagos (Directora Ejecutiva de Latinobarómetro): La paz no se debe idealizar, hay que ponerle objetivos concretos y lograrlos.
En esa lógica, estoy convencido de que la paz no se basa en el pensamiento positivo; quizá eso ayuda, pero no es el fin. La paz sí es un ideal, pero no se debe ver desde una mirada únicamente romántica.
Como lo he apuntado antes: La paz no es sólo la ausencia de la guerra o violencia, es también un estado activo de armonía, equidad y justicia social donde las personas y los grupos pueden desarrollar sus vidas con dignidad, seguridad y respeto mutuo.
En esa definición, parafraseando a Marcos Miranda: Los padres se divorcian, se separan, pero las hijas y los hijos no se divorcian de sus padres.
Es momento de que los sistemas de impartición de justicia en México revisen a conciencia cómo garantizar eso: justicia, procurando en primera instancia la seguridad de las y los hijos, pero privilegiando la sana convivencia de los padres con sus menores.
Lo irónico es que, pese a que las estadísticas evidencian que un gran porcentaje de progenitores que se separan o divorcian abandonan sus obligaciones con sus hijas e hijos, los padres que —por convicción— sí quieren estar presentes en la vida de sus hijas e hijos son tratados, muchas veces, como criminales.
Un buen camino para construir la paz es permitir que una niña, un niño, una adolescente o un adolescente pueda convivir con su padre, lo que contribuye a su crecimiento y madurez emocional. No se trata de un favor, se trata de un derecho de las infancias a convivir con sus progenitores, avalado por UNICEF y otros organismos internacionales.
Qué padre es una expresión muy mexicana que expresa lo bueno, bello y emocionante que es algo, y aplica en este contexto. El mundo necesita hijas e hijos felices, con padres funcionales, de mente fuerte; pero el sistema necesita revisar qué está faltando para garantizar que se imparta justicia sin sesgos, lo que también contribuye a la construcción de paz.