Agave y Tequila/Alejandro Verduzco
La semana pasada fue día del niño y como cada año al día siguiente el primero de mayo. Nunca lo había reflexionado y seguramente fue pura coincidencia pero me resultó de gran significado que un día vaya seguido del otro y es que la niñez y el trabajo son dos palabras cuyo significado pudiera parecer opuesto. Nos enseñaron sobre seriedad y formalidad en el trabajo, al grado que a veces nos amargamos y perdemos esa alegría de los niños. Y es que cuando crecemos deberíamos intentar no crecer demasiado, mantener la alegría de los niños por cada cosa pequeña, celebrar cada logro del día a día, sentirnos especiales (por qué lo somos), expresar lo que sentimos, no sentirnos mal por decir la verdad, alegrarnos por las cosas más sencillas pero más mágicas. Que el día del niño sea antes del día del trabajo nos debería recordar eso, que crecer y trabajar no debería ser sinónimo de estrés, amargura, competencia. Teniendo seis sobrinos de 11 a 3 años para mí es muy evidente ir viendo como el sistema hace todo lo posible por quitarnos la alegría conforme crecemos, pero eso solo sucede si nosotros mismos lo permitimos por qué el storytelling que nosotros mismos le damos a lo que hacemos es fundamental para ser felices, por qué todo absolutamente todo coopera para que el mundo funcione y lo que hacemos siempre tiene el potencial de mejorarle la vida a alguien. Recuerdo en un trabajo que tuve, cuando no iba el director general a veces ni nos enterábamos, no por qué no estuviera haciendo cosas importantes, simplemente la vida seguía en la oficina, pero el día que no fue Mary la señora de intendencia que amablemente lavaba las tazas y ponía el café todas las mañanas, su ausencia fue muy evidente y todos estuvimos un poco más de genio a falta de ese olor a café todas las mañanas. Al día siguiente le conté a Mary que se había notado mucho que no fue por qué el café era algo indispensable en la oficina y vi su cara de orgullo al saber lo importante y trascendente que era su función para que los demás hiciéramos de mejor gana nuestro trabajo. Así que pase lo que pase, no perdamos la magia, alegría y bondad de ese niño o niña que todos llevamos dentro y que nos pide todos los días que sea cuál sea nuestra circunstancia no nos olvidemos de sonreír y encontrarle humor a la vida.