Perciben fuerte olor a hidrocarburo en localidades y colonias de Centro
El nombre debe decirse completo, sin miedo y sin eufemismos: Rafael León Segovia, periodista de Coatzacoalcos. Porque cuando el Estado persigue a un periodista, no persigue a un individuo aislado: ataca a la prensa entera y, con ella, al derecho de la sociedad a saber.
Intentar enjuiciarlo por terrorismo no fue un exceso retórico ni un mal encuadre jurídico. Fue una infamia. Una acusación monstruosa, desproporcionada, diseñada no para hacer justicia sino para quebrar, amedrentar y sentar precedente. Aunque ese cargo ya fue derrumbado, el castigo continúa: un año confinado en su domicilio, segregado, vigilado, sometido a una pena sin sentencia. El Estado mexicano perdió el delito, pero insiste en la venganza.
Eso tiene nombre en el derecho internacional de los derechos humanos: represión estatal. Castigo anticipado. Violación a la presunción de inocencia. Uso político del aparato penal.
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