Los pájaros
La dinámica del mundo nos mantiene ocupados intentando subsistir o algunos otros simplemente existiendo. La mayoría de los humanos vivimos al día cumpliendo obligaciones, responsabilidades, antojos, caprichos o simplemente pasando el día. Pocas veces nos cuestionamos el verdadero significado de la vida o si en realidad existe alguno. Vivimos pensando que la circunstancia que tenemos va a ser para siempre o que las personas que nos rodean siempre estarán cerca, hasta que un día la circunstancias cambian, las personas que nos importaban ya no están o incluso nosotros mismos ya no somos iguales, nos movemos más lento, no tenemos las mismas habilidades que hace algunos años, nos volvemos más sensibles o más indiferentes. Cómo decía Mercedes Sosa en la canción que interpretaba de una manera sublime “cambia todo cambia” y a veces hay tiempo de despedirse pero otras veces no hay momento para las despedidas, simplemente las cosas pasan sin previo aviso. Y no me refiero a estarnos despidiendo de todos todo el tiempo por el miedo a que sea la última vez, las despedidas no tienen que ser dramáticas siempre, tampoco con palabras ni protocolos, a veces las despedidas son una mirada sincera, un abrazo apretado, un acto de generosidad, ceder el paso, una palmada, hacer sentir a las personas queridas, que nos importan, que le importan al mundo. Necesitamos aprender a despedirnos también de versiones de nosotros mismos que ya no encajan en el presente, de tristezas que no paran de actuar, de miedos que ya superamos, de sentimientos de culpa por miedo a avanzar y dejar a otros quedarse atrás respetando su propio paso y dejándolos vivir su propio proceso. Despedirnos a veces es avanzar y aceptar que como cantaba Mercedes Sosa “cambia todo cambia” y hay que intentar abrazar los cambios aceptando que ninguno, sea malo o bueno, es para siempre.