Filosofía sin escrúpulos
Este vocablo referente a los pájaros es de uso muy común y además nos ha servido de referencia para muchos aspectos. Por ejemplo, cómo olvidar la película con ese nombre, quizá la que más ha servido de identidad a la obra de Alfred Hitchcock, lugar que disputa entre los cinéfilos a su otra obra maestra, “Psicosis”. Sin embargo, en la cinta de las aves del maestro del suspenso, la tensión que produce la amenaza de los pájaros que atacan a los humanos proviene de la naturaleza sin explicación alguna, en tanto que los analistas advierten que en “Psicosis” el peligro proviene de la mente humana de alguien perfectamente identificable, a diferencia del misterio que prevalece y que encierra la agresión de las aves.
Aunque, a decir verdad, este título lo inspiró mi recuerdo sobre la época en que radiqué en la colonia Narvarte en la Ciudad de México a finales de los años de 1971 hasta 1975, en la calle Romero de Terreros 1311, departamento 1, esquina con avenida Cuauhtémoc, pues acostumbrábamos ir a desayunar, comer o cenar a un restaurancito que llevaba ese nombre, ubicado a una cuadra de nuestra residencia, en la calle de Luz Saviñón, casi esquina también con avenida Cuauhtémoc, el cual tenía en su rótulo el nombre con el dibujo de una rama de árbol con tres o cuatro pajaritos de diferentes colores posados en ella.
Así pasaba a veces entre semana, pero por lo regular sábados y domingos nada más decíamos entre nosotros, los cuatro que habitamos primeramente ese departamento: “¡Vamos a los pájaros!”, y asentíamos. Tanto las meseras como hasta la pareja de dueños nos llegamos a conocer y a socializar por la frecuencia de nuestro consumo.
Recuerdo que los precios eran económicos y acordes a nuestra capacidad, puesto que yo era empleado en la Procuraduría de Justicia del entonces DF; Antonio Rojas Reyes, otro compañero, laboraba en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social; mi hermano Francisco era auxiliar de contador en una agencia de autos, y mi, después compadre, Juan Rivera Campos, empezaba a trabajar reporteando noticias en la estación de radio FM Stereo 100, la “Estación del Delfín”, para sostener nuestros estudios en la UNAM. A estas fechas, desafortunadamente, los tres ya fallecieron.
Donde estaba el restaurante de Los Pájaros ahora es una taquería. A veces, en días de pago de quincena y en fin de semana, íbamos al restaurante “Don Cuco”, de mayor categoría, con comida al estilo mexicano, y los sábados y domingos había mariachi para amenizar el ambiente; a una calle de distancia estaba la entonces denominada glorieta Etiopía (ahora Plaza de la Transparencia), donde confluían la avenida Diagonal San Antonio y la avenida Xola y también había varios sitios de diferentes tipos de comida.
Durante los cinco años que habitamos ese recinto, se abrió espacio para que en diferentes etapas y períodos les diéramos cabida a otros dos hermanos míos, Raúl, que estudiaba Ingeniería Mecánica en el Politécnico de Zacatenco (ESIME), y después a mi hermano Ildefonso, el escultor, quien llegó por allá ya casi al final de nuestra estancia en 1975.
Pero también habitaron otros leoneses como Miguel Ángel González Díaz Infante, a quien apodábamos “El niño” por su aspecto físico. Fue a estudiar medicina a la UNAM, pero solamente duró un año y se regresó aquí a León, donde terminó sus estudios, ejerció, contrajo nupcias, pero años después me enteré que lo asesinaron en sus oficinas.
También estuvo Arturo Ortiz Claudio, quien estudió contabilidad con mi hermano Francisco, terminó su carrera, se casó con una vecina que conoció ahí en el mismo edificio, tuvo hijos y después se separó de su esposa y regresó a radicar nuevamente a León. Vivía por la calle Santo Domingo, en la colonia Obrera; ya también falleció.
Mi primo Alfonso Hernández Ríos, quien fue a estudiar Ingeniería Industrial, pero solamente duró un año y se regresó, vivía por la calle Hidalgo, esquina con Melchor Ocampo; terminó jubilado en la Presidencia Municipal de León y falleció hace algunos años; así que de todos ellos solo sobrevivimos mi hermano Raúl y yo.
Otras referencias a los pájaros las hay también en el cine, como la película “Los Pájaros Tirándole a la Escopeta” (1984); un cortometraje muy antiguo de 1911, de corte francés, “Los Pájaros de la Mina”; así como también “Los Pájaros de Baden Baden” (1975), originaria de España.
En la música y canciones están “Los Pájaros”, cantada por Valentín Elizalde, y una cumbia muy pegajosa con un solo de guitarra, también llamada “Los Pajaritos”. Un grupo de rock de los años sesenta, The Byrds, que tuvieron éxitos como “Turn! Turn! Turn!” y “Mr. Tambourine Man”, y, en fin, seguramente los amables lectores encontrarán otras referencias similares.
En 1975, y dado que ya éramos cuatro hermanos radicando en el entonces DF, decidimos rentar otro departamento ya solo para nosotros y nos mudamos hacia la colonia Vértiz-Narvarte, a un edificio por la lateral del Viaducto Miguel Alemán, al otro lado del Panteón Francés, desde donde podíamos observar los montones de osamentas arrejoladas de las tumbas cuyos restos eran extraídos por el término de su servicio, algo macabro; allí transcurrimos otros seis años, pero esa será otra historia para una nueva entrega.
PAULINO LOREA. 20/09/26